Peliculas del recuerdo

Gremlins (1984, Joe Dante) Gremlins


Rand (Hoyt Axton) es un viajante que un día regala a su hijo Billy (Zach Galligan) una tierna y extraña criatura, un mogwai. El inocente regalo, sin embargo, será el origen de toda una ola de gamberradas y fechorías en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Todo empieza cuando son infringidas, una tras otra, las tres reglas básicas que deben seguirse para cuidar a un mogwai: no darle de comer después de medianoche, no mojarlo y evitar que le dé la luz del sol (http://www.filmaffinity.com/es/film455839.html)




¡Cuidado con los extranjeros, ponen Gremlins en las maquinas! Los mismos Gremlins que derribaron nuestros aviones en la grande. Sí, la grande, la Guerra Mundial ¡La 2ª Guerra Mundial!



Y por mucho que griten, por mucho que lloren, por mucho que te supliquen... No les des de comer después de medianoche.


 Resulta un verdadero placer comentar no ya una de las películas de mi infancia – y seguro que de cualquiera nacido en la década de los ochenta – sino un clásico ochentero por excelencia. Y es que Gremlins tiene todos los ingredientes para ser, por méritos propios, una de las obras más emblemáticas de la década: humor negro, fantasía, algún toque de terror, personajes icónicos como Gizmo y los gremlins, y un enfoque juvenil. Una tónica que siguen otras películas como Cazafantasmas y que recoge la semilla de clásicos como Abbott y Costello contra los fantasmas por esa mezcla de humor, fantasía y terror, y en este caso una película navideña paradógicamente antinavideña...  Una delicia parida de las entrañas de la mítica productora Amblin que tantas alegrías nos dio: E.T., Regreso al futuro, Los Goonies, El secreto de la pirámide, El chip prodigioso o ¿Quién engañó a Roger Rabbit? … un portal a la fantasía que cuenta con Steven Spielberg como uno de sus fundadores. Gremlins es otra de esas películas mágicas de principio a fin, sólo hacen falta unos minutos para dar cuenta de ello, y es que  esa aura misteriosa que envuelve el comienzo en que Randal Peltzer (Hoyt Axton)- genial arquetipo de inventor desastroso- busca un regalo para su hijo Billy (Zach Galligan) ya nos hace presagiar una gran aventura de la que no querremos escapar. 
 

 Navidad. Los habitantes de Kingston Falls viven con el trasiego propio de esas fechas. Billy, un joven empleado del banco de la ciudad que sueña con ser dibujante recibe de su padre un regalo muy  especial, un mogway al que llaman Gizmo. Gizmo es una criatura dulce y de aspecto entrañable, pero que si no se cuida de forma correcta puede dar lugar a problemas de proporciones colosales. Es especial hay que llevar a rajatabla estas tres reglas: no le puede dar la luz del sol, no puede tocar el agua, y jamás debe comer después de medianoche. Como es obvio, pronto una de esas reglas será quebrantada y por accidente Gizmo es mojado. El efecto que produce en Gizmo es que de su cuerpo surgen otros cinco nuevos mogwais. Pero estos mogwais, lejos de ser pacíficos y apacibles, son unos gamberros que parecen tener una aversión por Gizmo sin límites. Además, uno de ellos, Stripe, se erige jefe del grupo. Por medio de una estratagema consiguen que Billy los alimente después de medianoche y lo que eran unas criaturas de aspecto similar a Gizmo , pero de carácter revoltoso y travieso, mutan en unas horribles monstruitos verdes con motivaciones asesinas. A partir de entonces el caos de desata en Kingston Falls y serán Billy, su más que amiga Kate (Phoebe Kates) y Gizmo los encargados de poner fin a unas criaturas que constituyen una horda desatada.





El concepto de los gremlins surgió en la Segunda Guerra Mundial. Cuando se producía algún fallo en algún avión los soldados bromeaban y lo atribuían a la presencia de pequeños monstruos que bautizaron como gremlins, este hecho es señalado por Murray Futterman, el vecino de Billy, interpretado por un fijo en las filas de Dante como es Dick Miller – también  Corey Feldman cuya presencia en Gremlins es anecdótica repetiría en No matarás al vecino aunque con mayor protagonismo- . Por su parte, el escritor Roadl Dahl publicó en 1943 un libro infantil de título The Gremlins basado en estas criaturas. Dante conocía este libro, sin embargo el guión fue escrito por Chris Columbus (escritor de Goonies Y El secreto de la pirámide, director de Aventuras en la gran ciudad o Solo en casa) quien tuvo la idea al escuchar ruido de ratones en su desván. El productor ejecutivo fue Steven Spielberg y la dirección recayó en Joe Dante - quien había triunfado con Aullidos y colaborado con Spielberg en la adaptación de la serie En los límites de la realidad (1983) - . La música es de Jerry Goldsmith  (La profecía, Alien, Poltergeist, Acorralado…) y los gremlins, marionetas de plástico, algunas mecánicas,  fueron diseñados por Chris Walas (La mosca, Dragonslayer)





 El guión original era, sin embargo, mucho más violento y oscuro que la versión final. Ejemplo de esto sería la decapitación de la madre de Billy cuya cabeza rodaría escaleras abajo en el momento que su hijo entrase en casa,  los gremlins devorando al perro y un ataque a un restaurante McDonalds en el que se zamparían a los clientes en vez de a las hamburguesas. Quizás uno de los cambios más radicales que sufrió el guión fue que Gizmo iba a trasformarse en Stripe, hecho que no gustó nada a Spielberg porque supuso que podría utilizar a Gizmo para encandilar a la audiencia (cosa que naturalmente ocurrió). Como veis, la película resultante hubiera resultado mucho más dura que la original, no obstante, tal y como quedó, ¡fue objeto de duras críticas por la violencia de algunas de sus escenas! Dante firma una de sus mejores películas. Las secuencias inolvidables se cuentan por millares: los gremlins cantando villancicos, el ataque a Ruby Deagle, la escena del cine, Gizmo conduciendo a todo trapo, la lucha final con motosierra y flechas y Stripe derritiéndose bajo los efectos de la luz del sol en una de las escenas más grotescas… Pero una de mis favoritas es esa escena anticlímax donde Kate explica porqué odia la Navidad y relata la muerte de su padre en la chimenea tras este tratar de bajar por ella disfrazado de Papá Noel. Esta historia es una leyenda urbana que fue utilizada en la película. Spielberg , para variar, quiso eliminarla , pero Dante se negó para potenciar esa mezcla de terror y humor.Como veis, la Navidad muestra su lado más cruel.

 



 
 

Las críticas de Gremlins fueron generalmente positivas y en taquilla arrasó recaudando más de 150 millones de dólares, a eso hay que sumar otros 80 por los alquileres en videoclubs. En definitiva un clásico ochentero y una verdadera delicia en todos los aspectos.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA
 



Ficha técnica y artística

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El cielo protector (1989, Bernardo Bertolucci) The Sheltering Sky

Port (John Malkovich) y su mujer Kit (Debra Winger) viajan desde Nueva York al norte de África con objeto de salvar un matrimonio en crisis. Acompañados del adinerado George Tunner (Campbell Scott) emprenderán un trayecto que traerá consecuencias inesperadas a sus vidas.

En ocasiones pienso que las personas que leéis este blog podéis llevaros una impresión equivocada- y no es que me importe, en absoluto, pero la explicación viene al caso -  respecto  a mis gustos cinematográficos. Digo esto porque al corresponder la mayoría de los comentarios que hago a películas norteamericanas del estilo de "Rocky III" o "Cobra" y que encima son alabadas, pues es muy posible que penséis que el que escribe sólo ha visto cine de ese palo. Nada más lejos de la realidad, de hecho, soy un amante del cine clásico; tanto que me nutro prácticamente de él. Pero claro, esto es "Cine de los ochenta" y esas películas hay que comentarlas. Y con esto no quiero justificarme, es más, las películas comerciales de los años ochenta realmente me gustan. Dependiendo del momento puedo pasarlo en grande con "Karate Kid" , "Jóvenes Ocultos" o "Regreso al futuro" como también paladear clásicos de Murnau, Eisenstein, Chaplin , Huston o Dreyer. No lo veo incompatible. Encuentro muy satisfactorio el cine ochentero descarado y sin complejos que además no oculta que su principal objetivo es entretener sin más, es decir, sin trampa ni cartón. Cine que no se toma a sí mismo muy en serio y con el que disfruto como un enano haciendo lo propio; es decir, no tomándolo muy en serio - y eso sin perjucio de que, como no me cansaré de repetir, en los ochenta hay auténticas obras maestras-. Pero claro, hay ciertas personas, autodenominados muchas veces como intelectuales, que encaramados en la supuesta superioridad de su torre de marfil no dan una oportunidad a este tipo de películas, porque dicen estár dirigidas a la masa, cuando no a idiotas descerebrados. Y es que hay personas que alaban ciegamente el cine clásico como si constituyese un bloque homogéneo de virtud artística sin fisura ;aún cuando la realidad es que también hay bodrios como la copa de un pino o películas que bajo el epíteto de "cine intelectual" esconden ideas más ñoñas e infantiles que el cine comercial que tanto critican.

Y este rollo macabeo viene a colación de que, a mi juicio, "El cielo protector" entra dentro de este último tipo de películas. Se me ocurren tres palabras que dan una idea de por donde van los tiros (y las tres con p de puñetera) : petulante, pretenciosa y pseudointelectual. Y me importa un pepino agrio el hecho de que por ser una adaptación de una novela de Paul Bowles se justifiquen sus flaquezas con el típico: "es mejor el libro"; como dando a entender que la película queda desmerecida por la grandeza del texto impreso. ¿Y a mí qué? Yo lo que vi y de lo que hablo es de la película. Así que si no lograste captar la profundidad del libro en tu adaptación cinematográfica (de la que el propio Bowles reniega, por cierto) pues te jodes, Bertolucci. No haberla adaptado.

Dicho esto, también es verdad, y sería muy injusto si no lo hiciera, hay que reconocer grandes virtudes a "El cielo protector". La ambientación es fantástica y capta muy bien tanto la belleza de los parajes como las condiciones miserables en ciertas zonas del desierto de Sahara. La fotografía alcanza cotas preciosistas sobre todo , otra vez, en los parajes desérticos. Las actuaciones no me han cautivado, diría que los actores cumplen con su papel victimista en medio del bodrio, pero tampoco los mandaría al paredón. Y en cuanto a la dirección de Bertolucci, no voy a ser yo quien le reste méritos. ¿Entonces cual es el gran problema que encuentro en "El cielo protector"?

No creáis que es casualidad. Se pasa la película con esa cara de bohemio llorica.
Pues el mayor problema, amigos, es que la historia que cuenta me parece tan sumamente chorras y pijotera, tan penosa y ridícula, que con ese tono trágico y supermegatrascendete que le da Bertolucci me entran unas ganas locas de afilar el machete. Y es que encima uno trata de no ser bestia y se pone a buscar opiniones y críticas por la web (por eso de ver otros puntos de vista y tal y cual) y lee cosas como que los personajes van en busca de un viaje interior ... o que tienen miedo de la soledad ... o que mira los pobrecitos cómo sufren por su existencia ... y entonces el menda deja la piedra de afilar y directamente se pone a dar machetazos a diestro y siniestro. Porque lo que servidor ve son tres gilipollas integrales que se pasan toda la puta película soltando frasecitas sacadas de novelas baratas y haciéndolas pasar por grandes sentencias filosóficas. Porque estamos ni más ni menos que ante tres energúmenos de una clase acomodada que en 1947 (sí , dos años después de la II Guerra Mundial) tienen los santos cojones de ir de víctimas cuando un poco más al norte, en Europa, los muertos se cuentan por millones. ¿Queréis sentir dolor? Pues nada a primera línea de fuego en el desembarco de Normandía. ¿Queréis experimentar miedo? Pues venga, tres meses a Treblinka, ¡so desgraciaos! Y lo más patético es que Bertolucci utiliza sus recursos para, lejos de criticar su egoísmo autista e individualista, que empaticemos con ellos. Así, todo se muestra muy melodramático y con música muy emotiva para que compadezcamos a estos imbéciles adinerados que no dejan de quejarse mientras se emborrachan y echan polvos con tó lo que se menea. Y no penséis que es un decir. Al poco de empezar la película, Port, tanto que quería arreglar su matrimonio , se va de putas; pero es que al rato, su mujer y el que los acompaña se la pegan a Port, y no creáis que la cosa queda así; cuando éste último muere (cosa que , por cierto, no deje de desear que sucediera, porque se pasa media película muriéndose) acto seguido Kit se larga con unos tuaregs porque uno le pone ojos golosos y claro, también se lo cepilla; pero es que antes de eso, también el matrimonio tiene que copular en mitad del desierto. Pobrecitos los burgueses, que lastimica me dan y que problemas más gordotes. 

"El cielo protector" debería haber caído en manos de la Cannon. Así  la historia se hubiese reducido a la llegada de un helicóptero Apache del que, mediante una doble pirueta, desciende Chuck Norris y, antes de tocar el suelo, decapita a estos tres subnormales de una patada giratoria. Al menos, el regocijo del personal estaría asegurado, regalándonos de paso, otra escena mítica del género de la comedia involuntaria.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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Están vivos (1988, John Carpenter) They Live




Un trabajador encuentra casualmente unas gafas que permiten ver a las personas tal y como son. Gracias a ellas descubrirá que importantes personajes de la vida política y social son en realidad extraterrestres. Durante su particular cruzada podrá observar cómo estos alienígenas han ido sembrando el mundo de mensajes subliminales con los que pretenden convertir a los hombres en una raza de esclavos. (http://www.filmaffinity.com/es/film855019.html)


 ELLOS VIVEN

NOSOTROS DORMIMOS


 Finalizo con esta película el comentario de la filmografía de John Carpenter durante la década de los ochenta. La que nos ocupa vuelve a alejarse de esa atmósfera tan carpenteriana de La niebla (1980), 1997:Rescate en Nueva York (1981), La Cosa (1982), o El príncipe de las tinieblas (1987), construyendo, sin embargo, otra pieza única al estilo de Golpe en la pequeña china (1986) y alejándose de sus obras más impersonales como Christine (1983) o Starman (1984). En su segundo trabajo con Alive Films, Carpenter da cuenta de esa libertad otorgada por la productora ofreciéndonos una propuesta ecléctica, fresca y original que conjuga a la perfección la acción, la ciencia ficción y el humor, constituyendo todo un homenaje a las películas de extraterrestres de los años cincuenta y una crítica despiadada al sistema capitalista y al gobierno Reagan que gobernó durante toda la década de los ochenta en los Estados Unidos



La idea de la que parte el guión es un relato de ciencia ficción de Ray Nelson llamado Eight o Clock in the Morning que se adaptó también al cómic con el título de Nada en 1986. Carpenter compró los derechos tanto del relato como del cómic y escribió el guión – bajo el nombre de Frank Armitage, personaje de El horror de Dunwich (Lovecraft)- basándose en su idea principal. En el relato se habla de reptilianos que dominan a los humanos por medio de la hipnosis. Un hombre, John Nada, despierta y ve a los reptilianos tal y como son, y tiene hasta las ocho de la mañana del día siguiente para dar a conocer este hecho a sus congéneres hipnotizados. En el guión de Carpenter, Nada es interpretado por Roddy Pipper, un luchador profesional al que había conocido durante la celebración del evento Wrestlemania III, en 1987. Nada es un obrero que a través de unas gafas de sol especiales comenzará a ver la realidad tal y como es, y no como la humanidad cree que es: a merced de una especie alienígena y saturada de mensajes subliminales que incitan a la compra, al matrimonio y a la obediencia ciega al poder establecido. Acompañado por Frank (Keith David, La Cosa) y Holly (Meg Foster), tratará de destruir la señal que enmascara la realidad y permitir que todo el mundo pueda salir de la caverna.




En Están vivos presenciamos otro gran “¡que os jodan!” de John Carpenter. Tened en cuenta que no pudo menos que ser tachada de comunista. Nos muestra a una clase obrera pauperizada por efecto de otra crisis capitalista, pero que es solidaria entre sí, y revolucionaria en el sentido de que no dudará defender sus intereses por medio de la violencia organizada. Además, es de esta clase de donde parte la verdadera visión de la realidad por medio de esas gafas especiales que no dudan fabricar y repartir para que la gente despierte. Por otros lado, los políticos, los ejecutivos, la policía, los medios de comunicación… Poderes estatales y fácticos están plagados de los alienígenas que nos dominan. La visión de Carpenter no puede ser más clara. ¡Imaginaos una película de este calado en el seno de una sociedad gobernada durante nueve años por Ronald Reagan!

Una de las partes más interesantes es cuando Nada se pone por primera vez las gafas de sol y comienza a ver los mensajes subliminales con los que los alienígenas nos bombardean y que se encuentran en todas partes: libros, revistas, anuncios. Asimismo, Nada verá a los alienígenas tal y como son y se dará cuenta de que al igual que los mensajes subliminales están en todas partes. El aspecto de los alienígenas es muy caricaturesco y cada vez que vemos a través de las gafas el color se sustituye por el blanco y negro. Estos dos hechos potencian aún más el manifiesto homenaje de Carpenter a la ciencia ficción de los cincuenta y a la serie B. Otro momento alucinante es cuando Nada y Frank se enzarzan en un combate demencial que dura la friolera de seis minutos. Carpenter aprovechó la presencia de Pipper para dar rienda suelta a una de las peleas más increíbles del séptimo arte.





En definitiva, Carpenter despidió los ochenta por la puerta grande, ofreciendo otra película genuina, original, fresca, divertida, revolucionaria, radical en su planteamiento y con otro final sin concesiones. La recaudación no fue para tirar cohetes (trece millones), pero para cuatro de presupuesto no estuvo nada mal.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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El secreto de la pirámide (1985,Barry Levinson) Young Sherlock Holmes

“Era un frío día de nieve a principios de diciembre, la falta de recursos había forzado a cerrar mi vieja escuela y a mitad de curso me enviaban a una nueva. Estaba acostumbrado a la tranquilidad de los espacios abiertos del campo y ahora me encontraba en el corazón de Londres en plena época victoriana. Las calles estaban llenas de todo tipo de actividad imaginable; era tal la cantidad de cosas que veía que no conseguía reaccionar. Al bajar de mi carruaje, la visión de mi nueva escuela me llenó de miedo y aprehensión. A pesar de ello me invadía una ola de curiosidad. No obstante, nada podía prevenirme de la increíble aventura que iba a correr y del extraordinario individuo que iba conocer y que cambiaría mi vida.”

John Watson, “El secreto de la pirámide”



Londres, siglo XIX, un caballero inglés cruza las nevadas calles londinenses sin percatarse de que una extraña figura encapuchada le sigue sigilosa emitiendo un ligero tintineo. El hombre de porte elegante se detiene frente a la carta de un lujoso restaurante cuando siente un pequeño pinchazo en el cuello, acto seguido la sombra de la figura encapuchada desaparece entre el trasiego de carruajes y viandantes, poco sospechará el desdichado que esa será su última cena, y que instantes después de su muerte – después de haberse precipitado contra el pavimento desde la ventana de su mansión presa de poderosas alucinaciones- la sombra del encapuchado se alejará de nuevo, esta vez por encima de su cadáver.



“Young Sherlock Holmes”, conocida en España como “El secreto de la pirámide”, es una película de aventuras dirigida por Barry Levinson, escrita por Chris Columbus y producida por el rey midas de la industria cinematográfica, Steven Spielberg. “El secreto de la pirámide” supone una original incursión en el terreno del cine de aventuras juvenil tan trillado a lo largo de la década con películas como “Exploradores”, “Una pandilla alucinante”, “ET” o “The Goonies” -estas últimas selladas con el cuño spielbergiano , la primera como director, la segunda como productor- presentando, como novedad respecto a sus coetáneas, una revisión del personaje de Arthur Conan Doyle en un tiempo anterior a sus obras y del que nada escribió; la juventud de Sherlock Holmes, su primer encuentro con J.Watson y su primera gran aventura. Es por eso que “El secreto de la pirámide” se aparta por completo de adaptaciones más fieles al personaje de Conan Doyle- recomiendo la maravillosa “La vida privada de Sherlock Holmes”, dirigida por uno de los grandes del séptimo arte, nada menos que el gran Billy Wilder-, y tal y como reza una advertencia al comienzo de la película: “El siguiente relato es original y no está basado en las hazañas de Sherlock Holmes tal y como fueron descritas en las obras de Sir Arthur Conan Doyle”



En la película se pueden diferenciar claramente dos partes. En la primera asistimos a una presentación de los personajes principales en la que se nos muestra a un joven Holmes (Nicholas Rowe) con un enorme talento deductivo – Holmes describe la personalidad de Watson en su primer encuentro tan solo mirándole unos segundos-, excelente estudiante- rasgo que contrasta con el que nos da Conan Doyle, quien le atribuyó un talento excepcional en determinados aspectos y un absoluto desconocimiento de otros rangos del saber (Holmes sería, según Doyle, el especialista de Ortega y Gasset y no el sabio que se pretende mostrarnos en esta película)-, y perdidamente enamorado de la bella Elisabeth, la única chica residente en la escuela que vive a cargo de su tío y mentor intelectual de Holmes, el erudito profesor Waxflatter. Por su parte, John Watson es retratado como un joven bonachón, torpe y sensato que muestra predilección por los dulces. Watson supone la antítesis de un Sherlock Holmes aventurero, seguro de si mismo, con gran vanidad intelectual y diestro espadachín.



Esta presentación de personajes es acompañada por una línea argumental paralela en la que varios hombres se suicidan tras experimentar terribles alucinaciones y que tendrá relación directa con los protagonistas en la segunda parte. Así, una vez que Holmes vence a Dadley (un envidioso compañero de Watson y Holmes) en una prueba de deducción, tal y como reza el narrador: “Fue un momento maravillosos para Holmes, pero poco podía él espera que sus maravillosos poderes y su talento pronto serían sometidos a una prueba mucho mayor, una prueba de proporciones terroríficas y mortales.” Los tres amigos se verán envueltos en una aventura que adquiere tintes épicos- una aventura con secta egipcia incluida (Rame Tep), sacrificios humanos, duelo de espada y persecuciones- que tendrá por objeto solucionar las extrañas muertes, en la que Holmes encarará primera vez , con consecuencias trágicas para su vida, a su archienemigo Moriarty, y en la que se nos ira desvelando el hipotético origen de ciertos rasgos de la constitución psicológica de Holmes tal y como nos es presentado por Conan Doyle; nos descubre el origen de su futura misoginia y de su complejo de Edipo; además de explicarnos los porqués de su afición a fumar en pipa, de su indumentaria, de su rivalidad con Moriarty e incluso el de su típica frase: “Elemental, querido Watson”



Pese a su relativo fracaso de taquilla creo que estamos frente a una película muy destacable en comparación a otras de su estilo. No se aprecian deficiencias en su trama o en su estructura, está bien enfocada al público al que se dirige y cumple a la perfección su objetivo, que no es poco tratándose de una película de aventuras; entretener. Esto lo logra sin reparar en gastos de un gran despliegue de efectos especiales que son francamente muy buenos- de hecho, en “El secreto de la pirámide” podemos disfrutar del primer personaje en 3D aparecido en una película- y que harán las delicias visuales del espectador; en este aspecto destacan todas las escenas de las alucinaciones. Por su parte, la ambientación está muy cuidada y es rica en matices, ya sea al mostrarnos las calles de Londres o la decoración egipcia de la secta Rame Tep.


Escena aparición primer personaje 3D

La estupenda banda sonora corre a cargo de Bruce Broughton, autor de temas míticos como el de “Silverado” o el de la serie Dallas, que por el tema principal de “El secreto de la pirámide” fue nominado a un Grammy, lo más destacable, a parte del ya mencionado tema principal, es la música utilizada en las escena del sacrificio, que añade gran intensidad y acentúa la tensión con el uso de los coros a una ya de por si tensa escena. Quizás la mayor carencia de la película sea que evoque irremediablemente a otros productos de la factoría Spielberg; así podemos encontrar similitudes entre el vuelo de Holmes y Watson y el vuelo de Eliot en “E.T” o entre los sacrificios en honor de Osiris y a los cometidos en “Indiana Jones y el templo maldito”. En general, el regusto que nos deja la película es el de un producto muy Spielberg, nada fuera de lo normal si nos atenemos a otras de las películas en las que ejerció como productor, véase “Los Goonies” o “Poltergeist” (en la que quizás, dicen las malas lenguas,  hizo algo más que producir).


Escena sacrificio

Una fantástica película de aventuras que hará las delicias de jóvenes y nostálgicos.

Atención especial a los créditos finales.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

Ficha técnica

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Diner

El príncipe de las tinieblas (John Carpenter, 1987) Prince of darkness


Un sacerdote cree haber descubierto el lugar de descanso de Satán, en el sótano de una iglesia abandonada de Los Angeles. Junto a un grupo de estudiantes de física, el sacerdote prepara un proyecto científico que siga manteniendo encerrado al Príncipe de las Tinieblas. Encerrados en la iglesia por fuerzas siniestras, los estudiantes descubren que deben luchar para impedir la llegada del Mal al mundo.(http://www.filmaffinity.com/es/film407977.html) 




Hablemos de nuestras creencias y lo que podemos aprender sobre ellas. Creemos que la naturaleza es sólida y el tiempo una constante. La materia tiene sustancia y el tiempo dirección. Hay verdad en la carne y en el suelo sólido. El tiempo puede ser invisible, pero es real. Humo, fuego, agua, luz, ¡son diferentes! No como una piedra o el acero, pero son tangibles. Y nosotros asumimos que el tiempo es una flecha porque es como un reloj - ¡un segundo es un segundo para todos! - La causa precede al efecto. La fruta se pudre. El agua fluye río abajo. Nacemos, crecemos, morimos. Lo contrario nunca ocurre... ¡Nada de esto es cierto! Decir adiós a la realidad clásica, porque nuestra lógica se colapsa en el nivel subatómico ... dentro de fantasmas y sombras. 


 Puede que El príncipe de las tinieblas no constituya uno de los grandes logros de Carpenter, pero una cosa queda clara, apenas transcurridos unos segundos de proyección sabemos que está de vuelta. Después de Christine (1983) y Starman (1984), quizás sus películas más impersonales, y de esa ecléctica genialidad llamada Golpe en la pequeña china (1986) - con la que sorprendió a propios y a extraños, pero que también se alejaba de sus producciones más características -, fue El príncipe de las tinieblas la película que nos lo devolvió 100% fiel al estilo desplegado en Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), La niebla (1980), 1997: Rescate en Nueva York (1981) o La Cosa (1982). Concebida como la segunda parte de la "trilogía del apocalipsis" - de la que La Cosa sería la primera y En la boca del miedo (1994) la tercera - germina en la productora Alive Films como respuesta al batacazo comercial sufrido con Golpe en la pequeña china y que lo alejó de los grandes estudios. En Alive Films - con la que repetiría en Están Vivos (1988) - no gozaría de presupuestos tan holgados, pero sí de total libertad creativa, por lo que Carpenter volvió al redil y recuperaría una forma de rodar que había abandonado en 1982 tras el estreno de La Cosa.

Para empezar vuelve a construir una historia coral en la que un grupo se verá hostigado sin posibilidad de escape y completamente aislado del exterior. Un tema muy recurrente en su temática que cobra todo su sentido en la propia concepción del director sobre las películas de terror. Y es que para Carpenter, según sus propias palabras, sólo existen dos clases de historias de terror: una en la que el enemigo está fuera (La niebla, 1980) y otra en la que el enemigos está dentro (La Cosa, 1981). En  El príncipe de las tinieblas parece aunar estos dos principios al someter al grupo de desdichados a los ataques de esos siniestros vagabundos capitaneados por Alice Cooper desde el exterior, y de los poseídos por el mal recluido (verde, otra vez verde como en La Niebla) en la cápsula de contención desde el interior de la iglesia de la secta de la Hermandad del sueño. 


Pero no es la estructura de la historia lo único que repite. Recordemos su maestría a la hora de crear atmósferas casi tangibles y que atrapan al espectador hasta el punto de transportarle al mismo interior de una película que , en sus manos, torna a pieza única y genuina. Para ello se sirve de una narración pausada, cocinada a fuego lento, en la que hará avanzar la trama sin prisa y por medio de su típico montaje en paralelo hasta alcanzar el clímax final. Otros elementos son el hecho de que la acción trascurra de noche, con lo que se ayuda de una iluminación tenue, utilizando velas en algunas escenas, y el empleo de una música de corte minimalista y oscura compuesta por él. En cuanto a los actores repetirán Donald Pleasance (Halloween, 1997: Rescate en Nueva York), Victor Wong y Dennis Dun (ambos actuaron en Golpe en la pequeña china)

Pero donde El príncipe de las tinieblas no sale tan bien parada es en el guión. Escrito por el propio Carpenter bajo el pseudónimo de Martin Quatermass - homenaje al mítico personaje Bernard Quatermass creado por Nigel Kneale y a la película Quatermass and the pit (1967) con la que El príncipe de las tinieblas guarda ciertos paralelismos - y reflejo de su interés por la física subatómica, adolece de una historia bien centrada y de algunas situaciones completamente absurdas y fuera de lugar. En cuanto a la primera traba, son comunes los diálogos acerca de ecuaciones diferenciales, lenguajes ignotos, telekinesia, o comportamiento de partículas a escala subatómica que se superponen a la historia escrita en un libro que habla del anti dios Satán, de Jesucristo como un alienígena y de la esencia del mal encerrada en una cápsula ... Como veis un popurrí de tres pares de narices. A mi juicio Carpenter debió haber simplificado y obviar la multitud de referencias que salpican toda la trama restándole solidez y empaque. Y es que, a priori, las ideas de la materialización del mal y la confluencia de ciencia y religión resultan muy interesantes, pero Carpenter se fue por los cerros de Úbeda y el resultado queda un poco en tierra de nadie. El otro lastre son algunas escenas, auténticos dislates, que no aportan nada y restan credibilidad y fuerza. Por ejemplo cuando Walter (Dennis Dun) permanece encerrado en el armario y no puede salir porque dos de sus compañeras , ahora poseídas, se lo impiden. Esta escena podía haber sido utilizada para explotar la tensión, pero en vez de eso el personaje no deja de soltar chistes y chorradas provocando el sonrojo. Otra escena absurda es cuando Brian (Jameson Parker) salta por la ventana a un exterior repleto de los mendigos asesinos para ... ¡volver a subir acto seguido! 


Estas carencias, que empañan sin duda el conjunto, no logran hundir una película sumamente disfrutable y cuyo fuerte es la atmósfera carpenteriana. Pero además, el uso de señales y elementos inquietantes, como el eclipse de sol, la constante presencia de lombrices, gusanos, hormigas y escarabajos, así como la de los siniestros vagabundos que sitian la iglesia, es muy acertado. Y, en cuanto el líquido verde comienza a "poseer" a los científicos - una posesión que tiene lugar cuando tragan el líquido y que después depositan en la boca de otra víctima para continuar con la infección/posesión; hecho que hay quien lo interpreta como metáfora del SIDA -, aumenta el interés y la sucesión de momentos terroríficos. También resulta muy perturbadora la visión y el mensaje del futuro que perciben  y que cobrará sentido (según como se interprete) en un enigmático, abierto y acertado final. 

En taquilla, El príncipe de las tinieblas recaudó más de 14 millones con un presupuesto de 3; otro pequeño gran éxito para nuestro pequeño gran hombre.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Golpe en la pequeña china (1986, John Carpenter) Big Trouble in Little China



Jack Burton (Kurt Russell) es un camionero que, en el barrio chino de San Francisco, le gana una gran cantidad de dinero a Wang Chi (Dennis Dun). Éste lo convence para que, antes de cobrar el dinero, lo lleve al aeropuerto a recoger a su prometida Miao Yin. Cuando la chica es secuestrada por unos gángsteres chinos, Jack, que se propone rescatarla, entrará en el tenebroso mundo de Lo Pan, un mago que tiene 2.000 años y que gobierna sin piedad el mundo de los espíritus. Esquivando demonios y haciendo frente a temores incomprensibles, Jack lucha a su manera en los oscuros dominios de Lo Pan en una loca carrera para salvar a la chica.  (http://www.filmaffinity.com/es/film826914.html)
  

¿Sabes lo que dice Jack Burton en una situación como esta? , dice “pero qué pasa”

Guardar el fuerte, mantener el fuego del hogar encendido, y si no he vuelto al amanecer ... llamar al presidente...


¿Sabéis qué debió pensar John Carpenter cuando, allá por mediados de los ochenta, se propuso dirigir un popurrí de aventuras, humor, acción, fantasía y artes marciales plagado de clichés de género y personajes estereotipados inmersos en un contexto en el que la mitología china ocupaba el trono de tan ecléctica propuesta?

Sí, yo también creo que Carpenter habló por boca de su alter-ego Jack Burton y soltó un “pero qué pasa” de dimensiones tan colosales en cuanto lo arriesgado de su  propuesta como desastrosas para el bienestar de su propia carrera.  

Varios factores jugaron en su contra. En primer lugar el hecho de que “El chico de oro” se hubiese estrenado su mismo año y que su temática fuese considerada similar le restó interés. En segundo lugar la ceguera de la crítica obviando el tono paródico de “Golpe…” provocó un ensañamiento masivo. Como consecuencia, el descalabro de cara a la taquilla fue estrepitoso, recaudándose menos de la mitad de lo que costó (11 millones de dólares frente a los 25 que se invirtieron). Pero si bien “Golpe en la pequeña china” supuso un desastre de crítica y de público y fue la película que hizo que Carpenter se alejara de los grandes estudios, pasados los años ocurrió como tantas y tantas veces sucede con miles de películas denostadas en su tiempo; adquirió el estatus de culto.


Jack Burton, un camionero fanfarrón y pendenciero, y su amigo Wang Chi emprenden una persecución tras los captores de Miao Yin (la prometida de Wang) que ha sido secuestrada a su llegada al aeropuerto. Siguiendo su rastro hasta China Town comenzarán una increíble aventura en la que enfrentarán a los Tormentas, tres asesinos expertos en artes marciales con poderes mágicos”, y en la que descubrirán que el secuestro de Miao Yin responde a las exigencias de Lo Pan, un anciano condenado a la vida eterna que sólo recuperará su juventud con el sacrificio de una mujer china de ojos verdes. Con la ayuda de la periodista Gracie Law, el mago Egg Shen y un grupo de guerreros, Burton y Wang buscarán a Miao Yin por un inframundo plagado de magia china y monstruosas criaturas.


Al parecer el guión original situaba la acción en el siglo XIX y Jack Burton encarnaría a un pistolero del salvaje oeste deshaciendo entuertos en la China Town de la época, pero por exigencias de los productores el contexto se trasladó a la actualidad dando como resultado, tras varios cambios de historia y con Carpenter metiendo también mano en el guión, la película que todos conocemos, una película que pese a lo “friqui” de su propuesta cuenta con varios puntos fuertes que la convierten en toda una delicia ochentera.

La acción tiene un desarrollo ágil en el que las situaciones , por increíbles que parezcan, se suceden con toda naturalidad y no cuesta meterse en la historia y creérsela. Los actores , sin duda alguna, ayudan sobremanera en este punto al mostrar una actuación para nada forzada y en todo momento concordante con el tono paródico, lúdico y sin pretensiones que envuelve toda la película. Destaca en este punto la química entre Kurt Russell (Jack Burton) y Kim Cattrall (Gracie Law) y que como el propio John Carpenter declaró se trataba de un homenaje al cine cómico de Howard Hawks con los rápidos diálogos de “La fiera de mi niña” y “Luna nueva” como referencia.


  
 Pero si hay un personaje que destaque por encima del resto es sin duda el de Jack Burton. Y es que Burton encarna a un antihéroe de proporciones míticas que quedará en los anales del cine ochentero como uno de los mejores personajes interpretados por Kurt Russell. Bruto, macarra, machista, pasota, egoísta, patoso y egocéntrico aunque de buen corazón. Un antihéroe con gran encanto que nos recuerda al típico héroe duro norteamericano del estilo de Indiana Jones, pero a diferencia de este arquetipo, aunque parezca que Burton es protagonista es sólo mera comparsa de sus compañeros; no es sólo que algunos sean mejores luchadores, o que otros abanderen de principios y valores más acordes con el canon cinematográfico o que sean, directamente, más astutos, la realidad es que Burton es el más patoso y cuando logra acabar con alguno de sus enemigos no se trata de una “cuestión de reflejos” sino, y quizás más acertadamente, de una cuestión de pura suerte. Esta vuelta de tornas es la que le da ese extra de afectividad con el público incrementada notablemente con la colección de frases y chascarrillos marca Burton con la que se regocija de principio a fin del metraje.


 Las secuencias de artes marciales, dirigidas por el coreógrafo Lew James, también alcanzan grandes momentos como la aparición de los Tormentas en medio de la lucha de bandas o la pelea de Wang con uno de ellos. Secuencias en la que no disfrutaremos de artes marciales al uso, sino que las técnicas más tradicionales se fusionarán con los efectos especiales de Film Studios para simular los diversos poderes mágicos con los que cuentan varios de los personajes y que aunque en ocasiones sean deliberadamente cutres (como alguno de los  monstruos del inframundo chino), para reafirmarse, sin duda, en el tono paródico, son en general más que aceptables. Siguiendo esta tónica esperpéntica encontramos la caracterización de Lo Pan que irremediablemente nos retrotrae a el archiconocido Fu Manchu, así como la de los tres Tormentas que son clavados a los tres asesinos de la parte final de la edición de “Shogun Assasin” , siendo este uno de los muchos guiños que hace Carpenter al cine, como el que hace al western con el inicio de la pelea entre las dos bandas cuando un integrante dispara las dos pistolas doradas que extrae de sus cartucheras. Y del mismo modo podemos referirnos a algunos de sus decorados de cartón piedra; así es el caso del paso subterráneo hacia la guarida de Lo Pan o las luces de neón de la calavera gigante por la que descienden Gracie Law y Miao Yin.


No es ningún secreto que me encanta esta película, y es que  no sólo la disfruté en su momento sino que sigo haciéndolo como el primer día. En mi memoria ochentera permanecen la ascensión con la espada de Gracie y Miao Yin ; la criatura de los mil ojos; la “explosión” de Trueno; las frases de Jack y su camiseta; la épica lucha de Wang con uno de los Tormentas ;el enfrentamiento contra Lo Pan y el descacharrante “es cuestión de reflejos”; el final y , algo sobre lo que no me he referido, la descarada mezcla de sintetizadores ochenteros con toques orientales que componen la banda sonora compuesta, como no podía ser de otra manera, por John Carpenter.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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Mejores frases de Jack Burton (en inglés)


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STARMAN

Starman (1984, John Carpenter) Starman




Cuando derriban su nave espacial en Wisconsin, un ser del espacio exterior, Starman (Jeff Bridges), llega a la remota cabaña de una joven viuda, Jenny Hayden (Karen Allen), y allí toma la apariencia de su difunto marido. El extraterrestre convence a Jenny para que le lleve a Arizona, ya que si no llega a su nave nodriza antes de tres días, morirá. Al mismo tiempo, los agentes del gobierno quieren capturar al hombre de las estrellas, vivo o muerto... (http://www.filmaffinity.com/es/film387625.html)
 
 Te he observado con atención. Luz roja: pararse; luz verde: avanzar; luz amarilla: avanzar muy rápido.

 Decía en el comentario de Christine (1983) que esa fue su obra más impersonal de Carpenter hasta esa fecha. Un año después y bajo el nombre de Starman volvió a rodar otra película sin rastro de su impronta y completamente alejada de sus producciones anteriores. Claro que Starman se encuadra en el género fantástico, pero, a las antípodas de la oscuridad y el pesimismo de películas como 1997: Rescate en Nueva York (1981) o La Cosa (1982), Starman es una comedia romántica de ciencia ficción con tintes melodramáticos. Los motivos que impulsaron a Carpenter a dirigir esta historia fueron varios. En primer lugar, por consejo de su agente, quiso resarcirse del fracaso económico que supuso La Cosa (1982) y embarcarse en un producto más comercial. En segundo lugar, quiso probar que era capaz de rodar una película distinta y alejada de los temas arquetípicos que poblaban sus películas precedentes - aunque ya lo había demostrado con el biopic Elvis (1979) protagonizado por Kurt Russell - ofreciendo una historia cargada de positividad que sigue la estela de E.T. (1982, Spielberg) aunque ligeramente enfocada hacia el público adulto.
 

 La premisa es muy sencilla. En respuesta al envío de la sonda Voyager 2 un extraterrestre visita nuestro planeta. Desconocemos su apariencia original, sin embargo, al acceder al interior de la cabaña de la viuda Jenny Hayden (Karen Allen) observa un vídeo de su difunto marido y adopta su apariencia al clonarlo por medio de un cabello - los encargados de realizar esta transformación (de bebé a adulto en unos segundos) fueron nada más y nada menos que Stan Winston, Rick Baker y Dick Smith -. El choque “cultural” que se produce entre Starman (Jeff Bridges) y Jenny (Karen Allen) provoca las más disparatadas situaciones durante un viaje en coche que emprenden a Arizona (lugar de encuentro de Starman con sus congéneres). Entre medias el gobierno tratará de dar caza al extraterrestre.

 


Así, al estilo de Sucedió una noche (1934, Frank Capra) la tormentosa relación que se establece entre ellos al principio tornará en historia de amor. Este periplo, Carpenter lo narra de una forma sencilla, puramente clásica y ágil, de tal manera que los acontecimientos se desencadenan en un suspiro. Hay imágenes de gran belleza visual - destacan los efectos visuales a cargo de ILM – como la escena de amor entre los protagonistas o esa emotiva despedida, pero, en conjunto, la trama quizás peque de excesivamente simplista. La interpretación de Bridges le valió sendas nominaciones a los Oscars y a los Globos de Oro de 1985, aunque no ganaría ninguna de ellas y sí un Saturn a mejor actor. Bridges trabajó mucho su papel, para ello se imaginó lo qué ocurriría si él mismo estuviese metido en el cuerpo extraño de otra persona y tuviese que aprender a moverse y actuar imitando el comportamiento de los que le rodean en una sociedad ajena. De todas maneras, aunque tiene mucho mérito, esta interpretación me resulta algo robótica y acartonada. La de Allen, por su parte, me parece maravillosa y cambia de registro sin perder un ápice de credibilidad.  Como secundarios de renombre Charles Martin Smith interpreta a un científico bienintencionado y Richard Jaeckel a un despiadado funcionario gubernamental.
 

 
 

Starman es una película emotiva que cosechó buenas críticas en su momento y unos resultados comerciales justitos (con 22 millones de presupuesto recaudó 28 en Estados Unidos). Personalmente no es santo de mi devoción, la encuentro algo ñoña y , repito, excesivamente simplista en su planteamiento repleto de clichés, pero he de reconocer que está muy bien rodada y hay que alabar a Carpenter por su atrevimiento a la hora de salirse de sus registros habituales. Afortunadamente , al menos para mí, el resto de su filmografía ochentera - Golpe en la pequeña China (1986), El príncipe de las tinieblas (1987) y Están vivos(1988) - es más acorde con mis gustos y recupera al Carpenter más auténtico. En 1986 se creó una serie de televisión de 22 episodios en la que Starman regresa a La Tierra para conocer a su hijo y emprender la búsqueda de su madre.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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