Peliculas del recuerdo

Un hombre lobo americano en Londres (1981, John Landis) An American Werewolf in London



Artículo publicado en el fanzine NEUTRÓN.

El hecho de recordar Un hombre lobo americano en Londres cobra, en el momento que leáis estas páginas, especial relevancia por dos motivos principales. El primero es que el 21 de agosto de este año se celebra el treinta y cinco aniversario de su estreno en los Estados Unidos (en España se estrenó el 23 de octubre de 1981). El segundo es que su director, John Landis, visitó nuestro país para recoger el premio a Maestro del fantástico otorgado por el festival Nocturna que se celebró en Madrid durante los días 23 y 29 de mayo de este año de nuestro señor Crom.

Pero efemérides y homenajes personales aparte, una película que no sólo fue revolucionaria en su estreno, sino que con el paso de los años sigue siendo reivindicada por legiones de seguidores del fantástico habiendo adquirido el tan aclamado apelativo de "culto", no podría ser más adecuada para ser recordada en un fanzine como Neutron.


Al igual que ocurrió con el subgénero vampírico, y tras la edad dorada de las producciones de la Universal, la Hammer y las protagonizadas por nuestro querido Paul Naschy, las películas de licántropos decayeron en una suerte de autoparodia involuntaria causada por una repetición sistemática de clichés que las condenaron a su estancamiento. Pero los años ochenta no sólo supusieron una eclosión de nuevas ideas, sino que se apostó por proyectos muy arriesgados que germinaron en un crisol de híbridos en cuanto al desdibujamiento de las fronteras de géneros. Si a esto le sumamos una mejora radical de los efectos especiales y visuales, nos encontramos frente a una década en la que se revitalizó el género de terror en general y el universo de los vampiros y los hombres lobo en particular.

Si en el mundo de los vampiros nos encontramos con la visión vanguardista de El ansia (1983, Tony Scott), la comedia-terror de Noche de miedo (1985, Tom Holland), los vampiros adolescentes de Jóvenes ocultos (1987, Joel Schumacher) o el western crepuscular de Los viajeros de la noche (1987, Kathryn Bigelow), en el caso de nuestros amigos los licántropos hay tres películas fundacionales que rompieron ese anquilosamiento propio de décadas anteriores, y todas ellas se estrenaron en 1981: Aullidos (Joe Dante), Lobos humanos (Michael Badleigh) y Un hombre lobo americano en Londres (John Landis) – En compañía de lobos (1984, Neil Jordan) es otro título muy reivindicable por su universo onírico y exploración de ese mal seminal escondido en los cuentos clásicos- . Aullidos, que ostenta el privilegio de ser la primera en estrenarse y por eso una de las más influyentes, rompe con la tradición del hombre lobo solitario y nos ofrece un espectáculo de terror con trasfondo psicoanalítico; Lobos humanos, tras su envoltorio de investigación policíaca y thriller, esconde una crítica social y ecológica solemne; Un hombre lobo americano en Londres reconstruye la clásica película El hombre lobo (1941, George Waggner) en una nueva versión contemporánea; la de John Landis.

Lo destacable de Un hombre lobo americano en Londres respecto a sus coetáneas es que constituye una propuesta sorprendente, única e inclasificable que fluye, de la manera más natural y nada forzada, entre el humor y el terror, además, nos ofrece la que aún hoy día es considerada la mejor transformación de hombre a licántropo de toda la historia del cine. Pero, antes de adelantar acontecimientos, empecemos ... Por el principio ...


En 1969, un joven Landis de 18 años que trabajaba en Yugoslavia como factótum en la película Los violentos de Kelly (1970, Brian G. Hutton) asistió por casualidad a un suceso de lo más peculiar que le impulsó a escribir el guión de Un hombre lobo americano en Londres: un grupo de gitanos estaba enterrando un cadáver amortajado y envuelto con ajos y rosarios en posición vertical y a gran profundidad; el motivo era que no querían que regresase de la tumba ... La vestimenta anacrónica de los gitanos evocó en Landis algunas de las películas de la Universal y , dudando ,al principio sobre qué monstruo clásico elegir, se decantó por el hombre lobo añadiendo la presencia de los muertos vivientes. El guión de Un hombre lobo americano en Londres se escribió en 1969, pero no fue hasta más de diez años después, a consecuencia del éxito de varias de sus comedias como Desmadre a la americana (1978) o Granujas a todo ritmo (1980), cuando Landis obtuvo el beneplácito de la industria cinematógrafica para rodar su ansiado proyecto– aunque no exento de trabas por considerar la película en medio de ninguna parte, ya veremos el porqué – con un presupuesto de diez millones de dólares y que sería producida por Polygram y distribuída por Universal.

Se rodó en localizaciones de Gales y Londres. Landis se había documentado sobre la presencia de hombres lobos "reales", es decir, personas que fueron tomadas por tales en tiempos de superstición exacerbada y descubrió que en Francia y en Gales fueron los lugares donde a más gente se ejecutó por este hecho. Como él no hablaba francés y la literatura gótica de los ingleses siempre le había entusiasmado (con Mary Shelley y su Frankenstein a la cabeza), tuvo claro que Gran Bretaña sería el lugar idóneo para rodar. Pero otro motivo menos bucólico tuvo gran peso en su elección. Y es que en Inglaterra existía un incentivo fiscal conocido como "Plan Eady" mediante el cual los productores recibían un porcentaje de la recaudación nacional. Para esto había que cumplir unas condiciones, la principal que tanto el equipo como los actores fueran británicos (salvo que se tratase de alguna estrella internacional),de ahí la razón de que el 99% del reparto sea inglés. Eso sí, Landis se las amañó para que admitieran a dos actores norteamericanos ...


En principio, los productores querían a Dan Aykroyd y John Belushi en el papel de los jóvenes turistas americanos, pero Landis se negó argumentando que eran actores muy cómicos y que no encajarían en una producción de esas características, además, siempre tuvo en mente que los actores no fuesen conocidos. Finalmente, David Naughton y Griffin Dunne interpretarían a David y a Jack, mientras que el papel de la enfermera Alex recae sobre Jenny Arguter. Por aquella época, John Woodvine pertenecía a la prestigiosa compañía teatral Royal Shakespeare Company y había representado una obra titulada Nicholas Nickleby en Nueva York, obra que Landis había visto y por eso le ofreció el papel del doctor J.S.Hirchs, así como muchos otros papeles secundarios a otros actores de la misma compañía.

La película - dedicada a la memoria del fallecido Jim O´Rourke , quien consiguió el trabajo a Landis en Los violentos de Kelly y fue el productor de El monstruo de las bananas (1973, John Landis) – narra la historia de dos jóvenes mochileros norteamericanos, David (David Naughton) y Jack (Griffin Dunne), que mientras recorren el norte de Inglaterra son atacados por lo que parece ser un hombre lobo. Jack resulta muerto, pero David sobrevive y se despierta en un hospital de Londres donde es atendido por la preciosa enfermera Alex (Jenny Arguter), con quien comenzará una relación, y por el doctor J.S.Hirchs (John Woodvine). Según transcurren los días David es presa de horribles pesadillas que culminan con la aparición de su difunto amigo Jack, quien le avisa de que al haber sido mordido por un hombre lobo él mismo ha quedado a merced de la terrible maldición.


Como veis, se trata de una historia que, en principio, no tiene mayor complejidad, pero con la que Landis, filtrada por su peculiar y caleidoscópica visión, logra crear una obra única, ecléctica y diferente a todo lo visto dentro de esa temática y que aúna el componente trágico que imbuye al mito clásico del hombre lobo con un tratamiento contemporáneo, fresco, desenfadado y repleto de humor, y al mismo tiempo terrorífico.

El comienzo ya nos deja claro que no vamos a ver la típica y tópica película de terror. Y es que unos planos generales del páramo galés acompañados por la dulce melodía de Blue Moon interpretada por Bobby Vinton nunca permitirían conjeturar los catastróficos acontecimientos que se desencadenarán a continuación. Pero es que la banda sonora – todas las canciones elegidas contienen en su título la palabra "moon" (luna) - cobra especial importancia por un uso anempático (es decir, que contrasta con el contenido de las imágenes) que refuerza la sensación general de surrealismo que desprende toda la película. Gran ejemplo de esto es el momento de la brutal transformación de David, donde, en lugar de una inquietante melodía empleada como recurso multiplicador del terror que desprenden las imágenes (trillado uso de este recurso en las películas de género junto al de las subidas de sonido), escuchamos estupefactos las plácidas notas de otra versión del Blue Moon, esta vez la de Sam Cook. Una última versión del Blue Moon, la de The Marcels, al estilo festivo que sugiere el "doo-wop", suena acto seguido de la muerte de David y tras comenzar los créditos finales. A parte de estas tres versiones de Blue Moon, otros temas son Moondace de Van Morrison y Bad Moon Rising de Creedence Clearwater Revival. En cuanto al "score" compuesto por el oscarizado Elmer Bernstein no hay mucho que destacar, y queda eclipsado por el citado uso anempático de algunas de las canciones que componen la banda sonora.

Pero si el empleo de la banda sonora resulta cuanto menos chocante, que decir de la multitud de situaciones estrambóticas que van aconteciendo durante el metraje. Desde la apoteósica entrada en la "acojedora" taberna llamada "La oveja degollada" , hasta conversaciones con muertos vivientes en un cine porno que tratan de convencer a David de que se suicide. El aspecto surrealista de la película queda también muy reforzado por las escenas oníricas, una de las cuales, cuando el grupo de hombres lobo nazis atacan a la familia de David, está concebida como un sueño dentro de un sueño; un homenaje de Landis a Buñuel y a su película El discreto encanto de la burguesía. A esto hay que añadir ciertos elementos metalingüísticos como las conversaciones acerca de la Universal y Lond Chaney Jr o de la misma El hombre lobo de 1941.



Pero si bien ese tono cómico está presente durante todo el metraje, no por ello no dejan de sucederse momentos verdaderamente terroríficos de violencia cruda y sin concesiones: el primer ataque del hombre lobo pone los pelos de punta al escuchar los desesperados gritos de Jack, el ataque de David en el metro es realmente perturbador por su uso de la steady cam y la entrada del licántropo con la cámara fija en contrapicado, por último, el clímax final es un ensalzamiento del caos en forma de muertos, accidentes de coche y un gran lobo que decapita de un mordisco al jefe de la policía en pleno Picadilly Circus. El trágico final que rehuye el "happy end" cierra el círculo que comienza con la llegada de los incautos forasteros a Gales a bordo de un camión de ovejas (sutil metáfora del destino que les aguarda) y que homenajea, una vez más, al clásico de George Waggner.





Por último, no puedo terminar sin comentar como se gestó lo que señalaba como la mejor transformación de un hombre lobo en la historia del cine y otro de los motivos responsables de que esta película permanezca incólume en la retina de cualquier cinéfilo.

Rick Baker y John Landis se conocieron durante el rodaje de El monstruo de las bananas (Schlock, 1973). Landis y Baker, recordemos que Landis ya había escrito el guión de Un hombre lobo americano en Londres, hablaron durante años sobre la idea de la transformación del hombre lobo hasta que a Baker se le ocurrió una técnica que bautizó como "Change-O-Head"y que consistía en una cabeza retráctil cubierta de piel plástica activada por un mecanismo interno. Cuando Landis pudo por fin ponerse manos a la obra con su película, Baker se encontraba precisamente trabajando en otro clásico licantrópico, Aullidos (1981, Joe Dante), pero como llevaba diez años esperando a que se materializase la idea de Landis, Baker abandonó a Dante, dejando a su ayudante, Rob Bottin (La Cosa, Robocop, Desafío Total), otro maestro del maquillaje, al mando. Por eso, paradógicamente, la primera película en mostrar este efecto fue Aullidos al haberse estrenado antes, sin embargo, la transformación de Un hombre lobo americano en Londres resulta más realista y completa; todo un prodigio técnico que tardó en rodarse una semana (salían a uno o dos planos por día) y que nos muestra con todo lujo de detalles, mediante primeros planos y a plena luz, cómo las orejas, pies, manos, cabeza y cuerpo de un ser humano van mutando y adquiriendo apariencia lobuna. Totalmente impresionante y revolucionaria con respecto a los efectos utilizados en producciones previas en las que el hombre lobo no dejaba de ser un hombre con un cuerpo y cara peluda ataviado con pantalones tejanos ... Michael Jackson quedó tan impresionado con esta escena que John Landis terminó por dirigir su famosísimo videoclip "Thriller" mientras que Baker fue el encargado de los efectos de maquillaje.



Un hombre lobo americano en Londres resultó un éxito comercial que recaudó más de sesenta millones de dólares a nivel mundial. A pesar de ello, a la crítica no le convenció esa indefinición dentro de un género, pero para muchos seguidores del fantástico – entre los que se encuentra el que suscribe – resulta la mejor película de John Landis, y, sin duda, una de las mejores sobre hombres lobo.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Noche de miedo (1985, Tom Holland) Fright Night



 
 Los cuerpos de varias chicas jóvenes aparecen en la ciudad. Charly Brewster, un adolescente con las hormonas a punto de ebullición, sospecha que su nuevo vecino, Jerry, es el asesino;  pero no un asesino normal, sino un vampiro. Por supuesto, su novia Amy, su madre y su amigo “ Rata” permanecen incrédulos ante la teoría de Charly, e incluso el gran Peter Vincent, un matavampiros de película en horas bajas al que recurre como medida desesperada, le toma por loco. Pero Charly sabe que bajo la encantadora fachada de Jerry Dandrige se esconde un verdadero chupasangre. 

Noche de miedo supone la reinvención de un subgénero de capa caída y que películas como “El ansia” (1983), “Mordiscos peligrosos” (1985), “Jóvenes ocultos” (1987) o “Los viajeros de la noche” (1987) – cada una en su estilo- pondrían de nuevo en la palestra.  “Noche de miedo” trata de acercarlo al terreno juvenil tan propio de los ochenta e imbuirle un humor cargado de autoreferencias que recuerdan a un gran homenaje/parodia como es “El baile de los vampiros” (1967), aunque,  en este caso, sin dejar de ser una película de terror.

  ¡Soy Peter Vincent, el matavampiros!
 Así, uno de sus puntos fuertes es precisamente esa continua parodia/homenaje al cine de vampiros característico de la productora Hammer y que encuentra en el personaje Peter Vincent (Roddy McDowall) su encarnación (no por casualidad el nombre proviene de dos grandes “monstruos” del cine de terror: Peter Cushing y Vincent Price). Peter Vincent, una de las bazas fuertes de la película y mi personaje favorito de Noche de miedo,  es un actor pasado de moda que sobrevive presentando un programa que emite viejas películas de terror (Noche de miedo) que ya nadie- excepto Charly- ve. Y es que según sus propias palabras: “Los jóvenes sólo quieren ver locos furiosos con la cara cubierta haciendo picadillo a chicas vírgenes”. Esto, como no, no es más que una claro guiño a la oleada de “slashers” que inundó el género de terror de los ochenta a raíz de “Halloween” (1978). Vincent, pese a su reticencia inicial, se verá obligado a aceptar su papel ficticio y enfrentarse en “la realidad” a uno de los seres que tantas veces ha matado en sus películas. La diferencia es que ni él es tan valiente como su personaje de celuloide - y ni siquiera cree en los vampiros- ni su enemigo se mostrará  tan vulnerable como las vampiresas que mata hasta con la estaca empuñada al revés.

Y así llegamos a la otra novedad que “Noche de miedo” nos presenta con respecto a otras películas: el personaje de Jerry Dandrige (Chris Sarandon). Un “hombre” refinado, atractivo, seductor y aparentemente encantador  – a quien para más inri, entre víctima y víctima, vemos hincar el diente  a varias piezas de fruta- que pasa completamente desapercibido y que constituye la antítesis del arquetipo acartonado y anacrónico al que el cine nos tiene acostumbrados. Una ruptura del estereotipo que, por otra parte, podemos ver en la vampira que acechaba a Jim Carrey en  “Mordiscos peligrosos” (1985), pero que sin duda tiene su origen en la pareja de sofisticados chupasangres  de “El ansia” (1983) y que continuarían por otros derroteros más modernos (macarras, si se quiere) los vampiros de “Jóvenes ocultos” o los de “Los viajeros de la noche”, ambas de 1987, conformando una selección de auténticos vampiros del siglo XX.


Además, los amantes del terror gozarán de la gran fuerza que despliegan las escenas más escabrosas - en gran parte gracias al magnífico maquillaje de Ken Díaz (La Cosa, Piratas del Caribe)- como la del ataque en casa de Charly, los enfrentamientos entre Peter y "Rata", o la"batalla final" en la guarida del no muerto. Una atmósfera bien lograda que complementan a la perfección la composición musical de Brad Fiedel (Terminator 1 y 2, “Mentiras arriesgadas”) y una buena ambientación a caballo entre lo "moderno" y lo "retro". Todo ello bajo la dirección de un Tom Holland (quien repitió éxito al mostrar al mundo uno de los iconos más conocidos del cine de terror, Chucky, "El muñeco diabólico", 1988)que escribió y dirigió la que para mí es su mejor película. Por poner un pero, me resulta un poco descafeinada la "intrusión" del idilio entre Amy y Jerry; aunque gracias a esto se logren las hipnóticas escenas del baile y de la "conversión" de Amy. 

¿He de decir que me encanta esta película?

Por cierto, en 2011 se perpetró un "remake" protagonizado por Colin Farrell, pero esa es otra (desgraciada) historia.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

 


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Ellos se soportan ... porque no tienen más remedio ...



Riggs y Murtaugh

Sí, amigos, creo que en este caso ni siquiera merecen presentación, pero para los despistados diré que si uno está como un cencerro, el otro más. Martin "Perro loco" Riggs y Roger "Mala uva" Murtaugh son los protagonistas de Arma Letal (1987) y de las otras tres películas que conforman, la hasta ahora, tetralogía dirigida por Richard Donner.

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Jack Cates y Reggie Hammond

Es considerada la primera "buddy cop movie", aunque paradójicamente, Hammond no es un policía sino un timador encarcelado al que Cates recurre para dar caza a dos delincuentes. Walter Hill trató de repetir el éxito de la fórmula con "Danko, calor rojo", pero la jugada no le iba a salir tan bien.

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¡Esto es la hostia! El Chuache haciendo el papel de Chuache y el Belushi haciendo de Belushi en una de esas películas tan característicamente maniqueas de los ochenta en la que el personaje del ruso de turno es una especie de robot oxidado (llamémosle, por decir algo, Terminator) y el americano es la pera limonera. ¡Ah, también está dirigida por Walter Hill! ¡Mola! Y veremos al Chuache enseñar teta. ¿Mola?

Película : Danko, calor rojo (1988)

Interpretados por Arnold Schwarzeneger (Danko) y James Belushi (Ridzic)



Tango y Cash

Tango y Cash, Cash y Tango , los maderos fugitivos que ponen el listón muy alto (juas). Restallone hace de capullín y Russell de ... sí, de listillo.

Película: Apuesto a que lo adivináis (Nota del "escritó": éste no es el título de la película sino una gilipollez mía- aunque supongo que ya estaréis acostumbrados-)

Interpretados por Syslvester Stallone (Tango) y Kurt Russell (Cash)



Friday y Streebek (¡qué sí coño, que se llaman así, no he bebido!)

Dos de las caras más indiscutiblemente ochenteras protagonizan este homenaje/parodia a la famosa serie homónima de televisión (Dragnet- por cierto, el que haya traducido el título al español sí que ha bebido, ¡y seguro que mucho!-). 

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Interpretada por Dan Aykroyd (Friday) y Tom Hanks (Streebek)


Wilbur Walsh y Matt Kirby (¡y qué más da el nombre de los personajes! Son Bud y Terencio, de toda la vida)

Los únicos, los irrepetibles, los desopilantes emisores de cascoporros renuevan placa en el pecho y las caras  (en forma de pamesta) de los pobrecitos que osen enfrentarles (¿no son acaso los únicos seres humanos capaces de liarse a hostias con Chuck Norris y empatar? Bueno, ellos son dos ...)

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Esta es , como el caso anterior, otra variante de "buddy cop movie" en la que se inserta de fondo la ciencia ficción. En una Tierra poblaba también por extraterrestres el sargento Sykes tendrá como nuevo compañero a un alienígena policía; juntos darán caza a un peligroso criminal.

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GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


Puedes leer la primera parte del especial aquí 


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John McClane

¡Redios! Éste sí que es un sufridor. Siempre en el momento menos oportuno y en el lugar menos indicado. Terminará sus peripecias cortado, golpeado, disparado, apaleado, machacado , insultado, humillado ... siempre por obra y gracia de algún supervillano al que, finalmente, dará su merecido. Habemus quinta parte. ¡Yippee-ki-yay!

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El miembro más destacado de la brigada policial. Astuto, inteligente, ágil y muy capaz… de provocar las más disparatadas situaciones sin mucho esfuerzo.

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Nick Conklin

Mejor conocido por ser el policía que junto Charlie Vincent (Andy García) se enfrentará a los Yakuza en la lluviosa tierra del sol naciente. En principio puede parecer una "buddy cop movie", pero cuando el compañero estira la pata la cosa se convierte en cuestión de venganza.

Película: Black Rain (1989)

Interpretado por Michael Douglas

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



Puedes leer la segunda parte del especial aquí


http://cinedelos80.blogspot.com.es/2013/04/policias-ochenteros-ii-mejor-solo-que.html

Creepshow (1982, George A. Romero)


Creepshow es un homenaje a los EC Cómics de los años 50.  El guión es de Stephen King, está dirigida por el maestro del "cine  zombie", George A. Romero, y los efectos especiales corren a cargo de Tom Savini. Creepshow se divide en cinco cortes independientes unidos por la historia principal de un padre que no quiere que su hijo lea el comic de terror Creepshow. Este punto puede resultar baladí, pero es toda una referencia crítica al motivo por el que se dejaron de publicar los EC Cómics: las presiones provocados por sectores conservadores. Aquí resulta crucial la hipocresía de un padre que no deja a su hijo leer cómics de terror; pero que es asiduo a la pornografía y maltrata a su hijo (aunque esto no quedará sin consecuencias, como nos desvela el último tramo de la película).

Como homenaje a los EC Cómics, Creepshow,  no oculta sus referencias tanto en temática como en la forma; con encuadres clavados a viñetas, colores chillones y humor negro a raudales. Los personajes (interpretados por Leslie Nielsen, Ed Harris, Ted Danson o el propio Stephen King, entre otros) sobreactúan, pero es una sobreactuación completamente justificada con la temática y el tono caricaturesco de las historias.

En cuanto a la temática, campan a sus anchas los zombies que buscan venganza (cómo no , tratándose de una película de Romero), así tenemos "El día del padre" y "La marea" (mi favorita, con una escena que me recuerda al final de "El pirata barbanegra" de Raoul Walsh, y un Leslie Nielsen que hace un papel soberbio de cabroncete). Formas de vida extraterrestres en "La solitaria muerte de Jordy Verrill" (protagonizada por Stephen King), una clara referencia a "El color surgido del espacio" de Lovecraft. Monstruos demoníacos en "La caja" y , por último, las cucarachas dan forma a la historia más asquerosa de toda la película : "La invasión de las cucarachas".

En definitiva, una película muy entretenida que disfrutarán más los lectores de cómics o quien guste de una buena sesión de humor negro con una pizca de terror.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

Ficha técnica y artística

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El chico de oro (1986, Michael Ritchie) The Golden Child


Chandler Jarred, un detective especializado en la búsqueda de niños desaparecidos, es requerido para encontrar a un niño muy especial, "El chico de Oro", un niño nacido cada mil años para evitar que el mal se apodere del mundo. Chandler es "El elegido", el hombre predestinado según la profecía del oráculo de Neuchung para liberar a "El chico de oro" de las garras de Sardo Numspa - un demonio enviado por Satanás para acabar con el niño e instaurar el infierno sobre la tierra -. Para ello, Jarred estará acompañado de Kee Nang, una bella mujer que le desvelará la verdadera naturaleza del problema al que se enfrentan.

 

Un caso perfecto de como, en los ochenta, lo fantástico desbordó sus ya de por sí difusos límites e inundó multitud de películas. Sí, una de las características de esta década no sólo es la gran cantidad de producciones del género fantástico, sino la incursión de éste, en su más amplia acepción, en todo tipo de temáticas que perfectamente podrían serle ajenas. Sin embargo, encontramos ejemplos por todas partes: aventuras juveniles como "Una pandilla alucinante" o "El secreto de Joe",  películas de acción como "Los inmortales", románticas como "Sueños eléctricos" (1984) ... Por no decir trilogías como "Regreso al futuro" o "Indiana Jones"; películas , todas ellas, que se vieron en mayor o menor medida contagiadas por la temática fantástica. Así, El chico de oro, no sólo es una película de acción, humor y aventura, sino que la eterna lucha de las fuerzas del bien y el mal, copa muchos de sus fotogramas. Puede también considerarse como ejemplo de la "fiebre oriental" que se puso de moda con esa ingente cantidad de películas de artes marciales - con "Karate Kid" a la cabeza - que nos bombardeaban desde las estanterías del videoclub o la pantalla grande. Por esa mezcla de humor, acción, aventura y fantasía tamizada por la imaginería oriental  no queda más remedio que relacionarla con esa maravilla de lo friqui llamada "Golpe en la pequeña china" (1986), estrenada además el mismo año y que, a pesar de que hoy día, quizás reciba mejor consideración, en el año de sus estreno fue barrida en la taquilla por la película que nos ocupa.


El chico de oro es una película sumamente entretenida y puramente divertida en la que la acción transcurre veloz de forma que apenas quede tiempo para reflexionar sobre lo descabellado de algunas de sus situaciones (o de su propuesta). En esto ayuda la ágil dirección de un veterano todoterreno como Michael Ritchie, quien  ha tocado desde la serie televisiva pasando por el drama , la comedia, la acción o el eclecticismo que nos ocupa. Entre algunas de sus películas más conocidas se encuentran la comedia "Fletch , el camaleón" (1985) protagonizada por Chavy Chase o "La isla" (1980), una adaptación de la novela homónima de Peter Blenchy con Michael Cane. Otra baza a su favor - junto con la exótica belleza de Charlotte Lewis (Kee Nang, la compañera de Jarred) -  es la presencia imponente del malo malísimo, Sardo Numspa - encarnado por Charles Dance, ahora superconocido por su papel de Tywin Lannister en la serie  "Juego de Tronos"- todo un demonio, enviado por el mismísimo Satanás para matar al Chico de oro e instaurar su maléfico reinado sobre la tierra .  Por si esto fuera poco, el amigo Eddie Murphy no nos dará tregua a base de muecas y los habituales chascarrillos que lo hicieron tan popular, siendo algunas frases francamente divertidas como la de la cuchilla y el  "Kleenex" o la del aeropuerto con su "hermano Numsi",  y otras sencillamente antológicas como la del cuchilo. En cuanto a los efectos especiales, apartado fundamental tratándose de una película fantástica, son aceptables, destacando las escenas de la lata de refresco y la de la lucha contra el demonio - en las que se emplea la técnica "Stop motion" -

Yo, yoyo, yoyoyo yo quieeerrrooo el cuhiiiilloooo. Por faaavoorrrr ...
 Así que ya sabéis queridos lectores. Preparaos para pelear con una banda de moteros, conocer a gente y a seres fuera de lo común, vivir el amor de Chandler Jarred y Kee Nang, viajar al enigmático Tibet para recuperar un cuchillo de otro mundo y enfrentaros a hordas maléficas. Pero no temáis, este viaje no lo haréis solos, disfrutaréis de buenísima compañía y, por supuesto,  mucha diversión. Todo de la mano de "El chico de oro".

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

 
¡Mi hermano Numsi me ha perdonado!
 Ficha técnica y artística

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Escena "Yo quiero el cuchillo"



Muertos y enterrados (1981, Gary Sherman) Dead and Buried


Dan Gillis, el sherif del pueblo costero Potter´s Bluff, investiga una sucesión de asesinatos a cada cual más bizarro que comparten denominador común: todas las víctimas son forasteras.

 ¡Qué desperdicio! Pensaba según avanzaba “Muertos y enterrados”. Pero, ¡qué despropósito! Concluían mis pensamientos según se resolvía hasta dar con un final completamente irrisorio. Y es que si bien el inicio es prometedor, la cosa va perdiendo fuelle hasta quedar como un globo pinchado. ¿La culpa? Un guión que si hubiese recibido un tratamiento de comedia negra – de hecho esa fue la intención original – hubiese dado un resultado meritorio, pero que al intentar ser una película de terror al uso decir que da vergüenza ajena es poco.

La cosa, como ya he dicho, comienza bastante bien, con una historia que atrapa con su suspense y que con una sucia ambientación (como sucia es la fotografía) potencia el elemento bizarro cristalizando en una gran atmósfera. Además, el aire retro setentero le da un toque todavía más macabro. Y es que la trama de unos vecinos que se cargan a todo osado visitante con la consecuente investigación policial para clarificar tan horrendos crímenes, no puede menos que clavar al espectador en su butaca e inocular a éste con el intríngulis necesario para no moverse hasta desvelar el quid de la cuestión. Pero no, lo prometedor da paso a lo chabacano y lo intrigante al desinterés por una historia que ya te da igual como termine y de la que lo único que esperas es que finalice como ha transcurrido; con más pena que gloria.


Es una pena porque el tema, a priori, ofrecía muchas posibilidades, y el final podía haber sido antológico; del estilo de – esta sí película de culto – “El hombre de mimbre” (1973). Pero Gary Sherman (Poltergeist III) desaprovecha completamente lo que la historia podía haber dado de sí y es a partir de su mitad cuando el desfase es brutal y el resultado delirante. Son demasiados los peros que hay que pasar por alto en su desarrollo, demasiadas lagunas argumentales y demasiada la voluntad para hacer creíble muchas de las secuencias (y esto lo digo aceptando de lleno su planteamiento de película de terror “sobrenatural”, no criticándolo). La credibilidad, en definitiva, es nula; zombis asesinos que aparecen de la nada, transiciones físicas hacia la decrepitud sin progresión, crímenes chapuceros (el del hospital es absurdo a más no poder por su resolución ), arbitrariedad en cuanto al uso de las normas que caracterizan a los muertos vivientes, tramposa hasta la extenuación en las relaciones de sus protagonistas… Poco más puedo decir sin desvelar al lector el núcleo de la historia.

La verdad que no me explico por qué esta película es considerada “de culto” (tanto en su clasificación por género en webs especializadas como por algunos de los comentarios que se leer por la red). La fantasía, dentro de su propia concepción, tiene unas normas que no pueden (no deben) saltarse a la torera, y si se hace – si no se trata de una parodia – restará muchos puntos en cuanto al resultado de la obra.  Y , en efecto, así sucede en “Muertos y enterrados”, pese a sus buenos momentos (que también los tiene) decepciona para convertirse en un quiero y no puedo.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


TRAILER