Peliculas del recuerdo

El guerrero americano II (1987, Sam Firsterberg) American Ninja 2: The Confrontation





Joe Amstrong (Michael Dudikoff y Curtis Jackson (Steve James) son destinados a una isla del caribe para colaborar con el cuerpo de marines con el fin de averiguar el misterio que se esconde tras varias desapariciones de soldados. Como no podía ser de otra manera, la sombra ninja será la responsable y Joe y Curtis tendrán que desplegar todas sus habilidades en artes marciales para poner solución a tamaño desaguisado ...

Sam Firstenberg repite dirección en esta secuela de El guerrero americano (1985) producida por nuestros amados Golan Y Globus rodada en realidad en sudáfrica (no en el caribe). Ya desde el inicio suponemos que será mucho más cañera con esa música frenética de George S. Clinton (Salvaje Kid, La fuerza de la venganza) acompañando a una escena en la que tres motos queman el asfalto, y la verdad es que no nos equivocamos. El guerrero americano II: La confrontación supera a su precursora en acción y humor, cuando no en situaciones delirantes, por lo que me resulta también mucho más entretenida.

En cuanto a la acción es un hecho inequívoco que contiene mayor número de combates y más calidad en cuanto a coreografías. A este respecto cabe destacar las coreografías de Mike Stone, quien ya había coreografiado la primera y repetiría en la tercera y cuartas partes, pero que además, en este caso actúa como el malvado Tojo Ken. Ayudando a Stone, como asistente , trabajó Ed Anders (también trabajó de doble) , un nombre que puede no os suene de nada, pero cuyo currículum como doble quita el hipo con más de 241 trabajos entre películas y serie. Además, disfrutaremos de un Steve James que pega muchos más mamporros.



La parte divertida y delirante es omnipresente. Por ejemplo, los marines , para "ir de incógnito" , van vestidos con bermudas y camisas de colores y sólo se dedican a tomar el sol, beber y ligar con las lugareñas, además, sus desapariciones tienen lugar en el mismo bar sin que nadie repare de ello. Después, está esa mezcla delirante de pulp, serie b y ninjas en la que un científico es secuestrado para crear genéticamente a unos superninjas que salvaguarden el imperio de la droga del malo malísimo Leo (Gary Conway, también autor de la historia en la que se basa el guión). Por cierto, los superninjas tienen de súper lo que yo al ser apaleados sistemáticamente en cuanto pinta la ocasión y casi por cualquiera que se lo proponga.  



Como guinda al pastel de lo delirante, contamos con un detalle inexplicable y totalmente surrealista que desgrano en fotogramas a continuación ...

La secuencia es la siguiente: Amstrong y Jackson se presentan a su superior , éste les dice lo que tienen que hacer , los tío se piran y sansacabó. ¿Sencillo verdad? Pues lo sencillo en manos de la Cannon adquiere tintes sobrenaturales. Ahí va eso.

Amstrong y Jackson se presentan ante su superior


Fijaros bien en Amstrong. ¿Hasta aquí todo normal verdad? 



Nuestros héroes favoritos salen del despacho, pero ...


Sí , sí , aquí hay algo raro , porque ... ¿Quién cojones es este tío? 


Lo siento chaval , pero por mucho que disimules y mires hacia abajo no das el pego. Ahora que alguien me explique esta metamorfosis en su contexto. ¿Querrían dar a entender que Amstrong con sus superpoderes de ninja puede cual camaleón mimetizarse con el que le venga al pairo?. ¿Sería que a Dudikoff no le vino en gana terminar la escena y se fue a la playa a tomar unos martinis?Sea lo que fuere no se puede obviar lo impactante de la escena.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

Pero cuando abren la puerta ...


Abracadabra pata de cabra , Amstrong resurge como el conejillo del sombrero, y para más sorpresa aparece el primero , cuando el orden que le correspondería sería el segundo (salía primero Jackson de la habitación como podéis comprobar en la fotografía anterior).

Y por cierto, en taquilla no le fue nada mal. ¡Recaudó cuatro millones en EEUU con un exiguo presupuesto de 350.000! Estos de la Cannon se las sabían todas ...


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Dieciséis velas (1984, John Hughes) Sixteen candles

Samantha cumple dieciséis años, pero lo que para ella es un acontecimiento muy especial quedará eclipsado por el casamiento de su hermana mayor. Para colmo el chico que le gusta la ignora (eso cree) mientras es acosada por un novato que le resulta insoportable. Dieciséis velas en un pastel que nadie se ha dignado a ofrecer.

John Hughes es el director por antonomasia de cine sobre adolescentes. Nótese que he escrito "sobre" y no "para" adolescentes. Es bien sabido que en los ochenta el cine dirigido a adolescentes era hegemónico, así la comedia gamberra de "Porkys", el terror del "Slasher",  o las aventuras de "Los Goonies" eran productos claramente dirigidos a un público adolescente ávido de películas de entretenimiento puro y duro.  La diferencia , en el caso de Hughes, es que no sólo se dirigía a este público en concreto sino que trato el tema de la adolescencia desde dentro, desde la visión que un adolescente tenía de sus amigos, de sus problemas, el colegio, la sociedad ... de la vida, del mundo. Y no es que considere a John Hughes como el pionero de este tratamiento "desde dentro"; a su manera películas como "La última película" de Bogdanovich o "American Graffiti" de George Lucas  ya hicieron ésto. No. Lo que caracteriza a Hughes es que el grueso de su filmografía está dedicada al cine sobre adolescentes y que, además, mientras que los anteriores referentes pueden considerarse más "serios" en cuanto al tratamiento del tema, él lo hace de una forma cómica y desenfadada, pero,  al mismo tiempo, sin dejar de remarcar la importancia de los problemas (que hoy pueden parecernos nimiedades) propios de muchos jóvenes de su sociedad mediante alguna pincelada melodramática ."Dieciséis velas", su ópera prima, supone el perfecto paradigma del sello propio que imprimió en todas y cada una de sus películas como director, además, marcó el camino a seguir a la multitud de comedias románticas de adolescentes que surgieron después de su estreno. Pero que lo dicho no os lleve al engaño, "Dieciséis velas", aunque sí melosa e idílica, no es una película cursi y chorras como muchas que continuaron su senda, sino una muy entretenida y disfrutable y, probablemente, la primera en su especie.


A través de Samantha, interpretada por la reina adolescente Molly Rinwald, seremos testigos de los inquietudes, miedos y anhelos que Hugues pretende extrapolar a la juventud estadounidense. Y aunque en un principio muchos de los personajes que campan por "Dieciséis velas" parezcan estereotipados - como ocurría en "El Club de los cinco" - Hughes no tarda en romperlos : la típica "tía buena" se desvelará no tan tonta y superficial, el pardillo será avispado, el popular guaperas es un joven sensible y de gran corazón ... Además de Rinwald, otro conocido de Hugues, Anthony Michael Hall, interpreta un papel de friqui/pardillo (que cuenta entre sus colegas a un primerizo John Cusack) no muy alejado de su actuación en "La mujer explosiva" y da la réplica a Sammantha al representar la otra cara de la moneda - si ella supone ser ninguneada por Jake Ryan, éste lo es por ella -. Pero no sólo veremos a este peculiar trío amoroso , sino que asistiremos a la descacharrante boda de la hermana de Samantha, una boda plagada de personajes estrafalarios (la familia y un estudiante chino de intercambio entre otros) y situaciones a cada cual más disparatada. Como he dicho, algún que otro punto melodramático dota de más relevancia a las vicisitudes de sus protagonistas, pero en general el humor es la regla, y el optimismo, con final feliz incluido, es desbordante. Otro gran acierto es la elección de una banda sonora plagada de canciones y melodías populares perfectamente sincronizadas con las imágenes que recuerdan al tratamiento musical  de otro "clásico" de Hugues: "Todo en un dia" (1986). Pero esa es otra historia ...

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

Jake: Feliz cumpleaños Samantha. Formula un deseo.
Samantha: Ya se me ha concedido

Ficha técnica y artística

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De pelo en pecho 2 (1987, Cristopher Leitch) Teen Wolf Too


De los productos surgidos a raíz del éxito de Teen Wolf (De pelo en pecho, 1985) , entre los que se encuentran una serie animada de 1986 y la serie exitosa serie de televisión estrenada en 2011, constituye esta secuela el más prescindible.

Y es que decir predecible es poca cosa cuando una ve que se limita a copiar punto por punto a su predecesora. En este caso Jason Bateman reemplaza a J. Fox como protagonista interpretando al primo lobuno de Scott (Todd Howard). El escenario cambia del instituto a la universidad, donde también se enamorará y sufrirá un cambio de personalidad a consecuencia de su transformación, y si el Scott licántropo era un prodigio del baloncesto, en este caso Todd será un campeón de boxeo. Por lo demás asistiremos a todo tipo de situaciones descabelladas incluyendo interpretar a Todd, en plena vorágine lobuna, el "Do you Love me?" de The Contours (aunque versioneado por Ragtime).

James Hampton (el padre de Scott y tío de Todd), en un pequeño papel, y Mark Holton (Chubby) son los únicos que repiten personaje. Por su parte, el entrenador Hitchcok y Stiles son interpretados esta vez por Paul Sand y Stuart Fratkin.

La recaudación alcanzó lo ocho millones con tres de presupuesto.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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De pelo en pecho (1985, Rod Daniel) Teen Wolf


Scott (Michael J.Fox) es un mediocre estudiante de instituto que juega en el peor equipo de baloncesto de la liga. En un momento dado, comienza a experimentar cambios físicos y perceptivos que afectan a su temperamento, pero lo que parecen ser cambios propios de la edad, son en realidad los primeros síntomas de su transformación en hombre lobo...


De pelo en pecho es una comedia juvenil con toques fantásticos que causó furor en el año de su estreno recaudando 80 millones de dólares con un exiguo presupuesto de 1 y medio. Pese a ser considerada como la primera película en tratar el tema de los lobos adolescentes, podemos señalar, sin embargo, a Yo fui un hombre lobo adolescente (1957) como la pionera, además, en 1981 Larry Cohen dirigió Full Moon Hight, pero De pelo en pecho es sin duda la más popular. La idea surgió del guionista Jeph Loeb (Comando, La ratera), fue dirigida por el recientemente fallecido Rod Daniel (De tal astilla tal palo, Superagente K-9, Beethoven 2) y está protagonizada por el archiconocido Michael J. Fox, quien aceptó el papel tras un parón en la serie Enredos de familia (1982-1989) debido al embarazo de Meredith Baxter-Birney. Fue a partir de este año cuando Fox comenzó a subir como la espuma, cosa que no es de extrañar al coincidir el estreno de Teen wolf y de Regreso al futuro (ambas en 1985). Aparte de su presencia rutilante, destacan las actuaciones de Jerry Levine (Stiles) y de Jay Tarses (el entrenador Finstock), ambos descacharrantes personajes, y del entrañable secundario James Hampton como el padre de Scott. 




El argumento, como muchas de esas desenfrenadas comedias juveniles ochenteras (¿no hace falta que os ponga ejemplos, verdad?), es completamente increíble, pero narrado con espontaneidad y naturalidad, y no tomándose a sí mismo muy en serio, por lo que resulta una película sin pretensión más que la de pasar un buen rato. Y es que nadie se puede creer que un hombre lobo adolescente reconvertido en estrella de baloncesto se ligue a la tía más buena del instituto y se vuelva tan popular que hasta se haya fabricado merchandising en torno a su figura . Pero vale, ¡eran los ochenta! Aún así, pone de relieve el arduo tránsito por el que tienen que pasar muchos adolescentes hasta alcanzar la madurez sexual acercándonos a temas como las primeras experiencias sexuales, el deseo por ser popular (tan de moda en los instis yanquis, y no sólo yanquis), los cambios hormonales y la lucha por ser el macho alfa de la manada . Temas trascendentales a parte, la película es puro cachondeo plagado de situaciones disparatadas, desde la cutre transformación a licántropo en mitad de un partido de baloncesto a "surfear" encima de una furgoneta a ritmo de "Surfing USA" de los Beach Boys.  

Debido a su éxito, Teen wolf dio lugar a una serie animada en 1986, una secuela en 1987 y a una serie de televisión en 2009.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA

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Scanners (1981, David Cronenberg) Scanners


Los scanners son seres humanos con poderes mentales. Darryl Revok, el más poderoso y despiadado, es el jefe de un grupo que persigue el dominio de la humanidad. Cuando el doctor Paul Ruth descubre a un scanner llamado Cameron Vale, decide utilizarlo para acabar con el grupo. 


Scanners es la película más accesible (y rentable, tanto que daría lugar a una saga) de Cronenberg hasta el año de su estreno. Y es que lejos dejaba el contenido sexual de Shivers, Rabia o Cromosoma 3 como centro de su análisis y obsesiones. En su lugar, – aunque no deja de ser 100% Cronenberg – es una película mucho más convencional que fusiona el thriller, con el terror y la ciencia ficción, siendo la telepatía y la telekinesis los desencadenantes de otra de sus pesadillas. El guión lo escribió el propio Cronenberg basado ligeramente en Stereo (1969), uno de sus trabajos tempranos, y debido a que no estaba terminado al empezar el rodaje (por prisas de los productores), para el director fue un proceso de trabajo muy duro.

Dentro de la interesante propuesta de Cronenberg - donde apuesta por un terror metafísico (telekinesis y telepatía) alejado del terror físico que lo encumbró como el maestro fundador de "la nueva carne" (aunque repetiría la propuesta en La zona muerta) - destacan las actuaciones del siempre malo malísimo Michael Ironside como Darryl Revok y la de su némesis Cameron Vale (Steven Lack). Asimismo, el multipremiado David Shore (incluyendo tres Oscars por El señor de los anillos), y colaborador fijo de Croenenberg desde Cromosoma 3 (a excepción de La zona muerta), aporta una música tan dramática, trágica, intensa y grandilocuente como de costumbre. Pero no sólo la música es muy importante, también destacan mucho los efectos de sonido, sobre todo en lo referente a las escenas de las lecturas de pensamiento y en las de los "escaneados", donde por medio de voces distorsionadas y cacofonías, en el primer caso, y un pitido molesto y penetrante, en el segundo, se nos muestra de primera mano el sufrimiento que conllevan estas habilidades "scanners". 



En cuanto a la temática, Cronenberg repite puntos comunes con muchas de sus películas: experimentos científicos que se van de las manos, degeneración física y mental, mutaciones genéticas (el fármaco Ephemerol) científicos "locos", en este caso encarnado en el doctor Paul Ruth (Patrick McGoohan), un final impactante y un tratamiento de la violencia brutal. Respecto a este último punto hay que recordar la icónica imagen de la explosión de cabeza a cargo del supervisor de efectos especiales Dick Smith (El exorcista, Taxi Driver, El padrino y ganador de un Oscar por Amadeus) y de otro asiduo colaborador de Cronenberg, el ganador de un Oscar por el maquillaje de La Mosca, Stephan Dupuis.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Karate Kid (1984, John. G. Avildsen)


 Daniel Larusso se muda con su madre a California. Allí se enamorará de Ali y será víctima de los recurrentes ataques de los Cobra Kai, un grupo de karatecas instruidos por el sensei Kreese. Su vecino, el señor Miyagi, lo ayudará y le enseñará el verdadero significado del Karate.

Hay películas que se erigen sobre sus deficiencias para convertirse en auténticos emblemas de toda una generación. Karate Kid es, sin duda alguna, uno de esos casos. Así, una historia simple plagada de personajes acartonados no sólo repitió éxito con varias secuelas sino que ha dado lugar a una fórmula que se ha repetido una y otra vez hasta la saciedad en multitud de productos que cuentan lo mismo con distintos personajes; la historia de la superación personal y de que todo es posible a fuerza de voluntad. No es por tanto casualidad que el director John G. Avildsen fuese el mismo que dirigió otra fórmula de éxito como Rocky (1976)- ganado además el Oscar a mejor director- cuyos parecidos con la película que nos ocupa son más que evidentes.

Por supuesto que me sería muy fácil, desde el prisma actual, hacer un comentario sardónico que pusiese a parir Karate Kid ensañándome con todos y cada uno de los tópicos que destila. Sí, pero no lo voy a hacer. Y no lo voy a hacer porque en primer lugar la valoro como una película sin pretensiones dirigida al público juvenil que marcó, pese a quien le pese, una época. En segundo lugar, porque pese a sus carencias, también tiene grandes virtudes como demuestra el hecho de que haya logrado conectar con tanta gente a lo largo y ancho de nuestro mundo. Y no lo voy a hacer , en tercer lugar, porque Karate Kid me gusta y ,por supuesto, porque fue una de las Películas (así en mayúsculas) de mi infancia.

Como decía al principio, Karate Kid dio con una fórmula que fue repetida a diestro y siniestro - sobre todo en la categoría de películas de artes marciales, aunque no exclusivamente – pero que nunca alcanzaría las cotas míticas de la original; ni el remake del 2010, por mucha mejora en las coreografías y Jackie Chan por medio, ni por supuesto, el descarado remake, aunque no reconocido , “Rompiendo las reglas” (2008, Jeff Wadlow) lograrán evitar las comparaciones despectivas – en el caso de “Rompiendo las reglas” la situará al nivel de “Ciudadano Kane”-.

¿Y cuales son los elementos que le han dado ese toque tan especial? A mi juicio son varios. El protagonista,  Danny Larusso ( Ralph Macchio) representaba un personaje con el que resultaba muy fácil empatizar; un chaval perdido, desastre y un poco gilipollas (quién no lo era a esa edad) , que además tiene problemas en el instituto, define muy bien a la mayoría de una juventud completamente alejada de los cánones expuestos en la ya nombrada “Rompiendo las reglas”. El personaje del señor Miyagi (Pat Morita) creó un auténtico icono de la cultura popular; por supuesto, los malévolos Cobra Kai y el instructor Kreese ponen el contrapunto cabroncete. Si a esto le sumamos una historia de amor con Elisabeth Shue como dulce adolescente en la piel de Ali, un buen puñado de frases míticas y momentos antológicos, y una historia en la que ya se sabe de antemano que van a ganar los buenos - aderezada por una música superochentera de la muerte con el mítico "You´re the best" (Joe Esposito) como oda hacia la victoria final - , obtendremos la explicación de que haya permanecido incólume en el imaginario colectivo.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


Mejores momentos


Selección de las mejores frases (en inglés)



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El guerrero americano (1985, Sam Firstenberg) American Ninja


Joe Amstrong es un apocado y amnésico conductor de camiones del ejército americano destinado en Filipinas. Tras caer en una emboscada a manos de ninjas demostrará unas habilidades de combate que sorprenderán a todos. Junto a su compañero Jackson se verán envueltos en una trama que pondrá en peligro sus vidas mientras que Amnstrong descubrirá su pasado.


Después del tirón de la trilogía del ninja (La justicia del ninja, La venganza del ninja y Ninja 3: La dominación),cuyos comentarios podéis leer en el blog, Golan y Globus (los ínclitos fundadores de la Cannon) decidieron continuar con el mismo patrón en una nueva serie de películas protagonizadas por un occidental que conectase mejor con el público mayoritario. En un principio se pensó en Chuck Norris, pero Golan creía que estaba mayor y se descartó junto con Joseph Zito, quien iba a dirigir en principio. En su lugar, un desconocido Michael Dudikoff que no tenía ni idea de artes marciales (se nota poco, ¿eh?) fue elegido entre más de dos mil aspirantes por su parecido a James Dean mientras que Sam Firstenberg, quien había dirigido precisamente La venganza del ninja y Ninja 3: La dominación, se encargó de la dirección de una película que iba a llamarse American Warrior , pero que finalmente se tituló American Ninja.


El guerrero americano, vista hoy, es una película de ninjas bastante normalita (yo prefiero mil veces La venganza del ninja o el desfase total de Ninja 3: La dominación) en la que no hay nada que destaque sobremanera (las coreografías de Mike Stone no están mal), pero que, no obstante , cuando eras un chavalete la sacabas hasta cinco veces del videoclub. Y es que uno flipaba en colores cual calidoscopio policromático con los ninjas rojos , negros , azules y les veías utilizar un mogollonazo de armas extrañísimas en medio de parajes tan selváticos como exóticos. Además el Dudikoff, pese a que era soso e inútil total, tenía un no se qué misterioso que molaba (era amnésico y desconocía su pasado), y complementaba muy bien con el carismático Jackson (el difunto Steve James que coincidiría en otras ocasiones con Dudikoff), quien, por cierto, sí que sabía de verdad artes marciales. La cosa ya era la rehostia si a esto le sumabas un maestro oriental , una tía buenorra (Judie Aronson) que se enrrollaba con el Dudi y un malote ninja con el que sabías fijo que iba a haber un duelo final.



En taquilla fue un bombazo recaudando diez millones de dólares y otros 28 en alquiler de VHS, ¡con un millón de presupuesto! Claro está esto dio lugar a una saga de un total de cinco películas (comentaré aquí hasta la tercera). Imaginaros la repercusión social que en cualquier carnaval de pueblo el disfraz predilecto de los más jovenzuelos fue durante una buena temporada el de ninja. Personalmente, la moda ninja no trastocó en absoluto mi trasnochada forma de vestir , aún así , como de chiquillo tenía ciertos toques de repelente niño Vicente , me dio por gastar mi ahorrillos en multitud de material gráfico sobre los ninjas y su entorno. Así , casualidades de la vida , nombres como Shuko , Kaginawa , Ashiko o Tetsubishi , eran tan familiares para mí como los de Manjarín o Luís Enrique para mis congéneres.

La conclusión , ¡oh seres atormentados por mi prosa fatua! , es que El guerrero americano podrá ser una película justita , pero cumplió una labor social de lo más importante promocionando el deporte y la vida sana (¿quién no se apuntó a Karate o a Judo por que quería ser un guerrero implacable?) , publicitó la cultura oriental tan por aquel entonces desconocida y se dio a conocer de forma masiva. ¿Cuántas buenas películas pueden decir eso?.


 

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Perseguido (1987, Paul Michael Glaser) The Running Man


En el año 2017 la economía mundial se ha colapsado. Escasean la comida, los recursos naturales y el petróleo. Un estado policial dividido en zonas militares impone su ley con mano de hierro.

La televisión es controlada por el estado y un sádico concurso llamado PERSEGUIDO se ha convertido en el programa más popular de la historia. Las artes y los medios de comunicación están censurados. Aunque no se tolera disensiones, un pequeño movimiento de resistencia ha conseguido sobrevivir en la clandestinidad.


Cuando los gladiadores de alta tecnología no bastan para sofocar las ansias de libertad del pueblo se imponen medios más directos.


Ben Richards: Killian ... ¡Volveré!


Los 80 fue la década de los héroes de acción; Arnold Schwarzenegger , Stallone , Bruce Willis , Van Damme o Mel Gibson son los iconos indiscutibles de este género tan predecible como espectacular. Es fundamentalmente esta década la que explota la imagen de los protagonistas que copan todas las carátulas del VHS con poses de tipos duros. Además, tanto el nombre de los directores como, incluso, en ocasiones, el de la propia película pasaba a un plano secundario y entre colegas y familiares decíamos: "voy a ver una del Restallone", o "voy a alquilar una del Chochenaguer"; para nosotros, héroes inmortales que sustituirían a Aquiles o Héctor por Cobra, Rambo o Terminator.

Perseguido, pertenece sin duda a este género que supura testosterona y violencia en cada fotograma. Pese a todo, conforma una muy entretenida distopia futurista que se recrea en la violencia audiovisual para situar a ésta en el punto de mira de su crítica. Basada muy levemente en un relato de Stephen King (The Running Man), aunque escrito bajo el seudónimo de Richard Bachman, tiene, sin embargo, mucho más que ver con las películas Le prix du danger (1983) y Das Millonenspiel (1970), ambas basadas en un relato de Robert Sheckley titulado El precio del peligro (1958).



La película transcurre en el año 2019 , Los Ángeles se han convertido en un estado totalitario controlado por las fuerzas del orden y una manipuladora y violenta televisión que idiotiza al pueblo, especialmente mediante el concurso estrella: Perseguido. En este programa, varios convictos deben escapar de sus perseguidores para, supuestamente, pagar su deuda con la sociedad; sólo hay una regla: todo vale. Así, Ben Richards (Arnold Schwarzenegger), apodado El carnicero de Bakersville, es condenado por un delito que no ha cometido y obligado a concursar en Perseguido con la compañía de varios compañeros de presidio. Los cazadores, como su propio nombre indica, son los encargados de perseguir y matar a los corredores con los más variados métodos: Subcero con un palo de hockey sobre hielo construido de afilado metal, Buzzsaw (Gus Rethwisch) con su motosierra, Dinamo (Erland van Lidth) suelta mortales descargas eléctricas y Fireball (Jim Brown) achicharrandolos con su lanzallamas. Ben Richards, antiguo policía experto en técnicas defensivas, aunque al principio sólo se propone salir con vida, terminará por querer por mostrar tanto su inocencia como la manipulación social del programa, para ello cuenta con la ayuda de sus amigos, a los que se une accidentalmente una compositora de música (Maria Conchita Alonso).

Como veis, una propuesta de por sí muy atractiva con malos tan icónicos como cojonudos, acción a raudales, una estética 100% ochentera, una estupenda banda sonora de Harold Faltermeyer (Top gun, Superdetective en Hollywood), y un Chuache en su línea soltando frases lapidarias a tutiplén: "Ahí tienes a Subcero, ahora menos que cero", "Asesino de mierda, te diré lo que pienso : voy a hacer que te comas ese contrato, pero deja sitio a mi puño porque te lo voy a incrustar en el estómago y romperte la columna". Aún así, se barajaron otros nombres para el papel de Richards, entre ellos los de Dolph Lundgren y Christopher Reeve; de hecho, en el guión original , Richards era un hombre de familia que luchaba por su hija, pero al elegir a Arnold cambiaron estas circunstancias. Pero el verdadero malvado de la película es Damon Killian (Richard Dawson), un cabronazo más despiadado e inmisericorde que los propios cazadores y que empleará todos sus métodos como director del programa con tal de ofrecer espectáculo a la masa y llenar sus bolsillos. Como secundarios aparecen Jesse Ventura en el papel de Capitán Libertad y Sven Ole-Thorsen ( Conan el bárbaro, Conan el destructor, Danko: calor rojo ...)





Si algo se le puede echar en cara a Perseguido es que (para bien o para mal; a mí me encanta) huele a serie b desde los créditos iniciales. Cosa curiosa (contó con un presupuesto más que decente de 27 millones), sino fuera porque Paul Michael Glaser, elegido entre Andy Davis (a quien sustituyó a los ocho días de rodaje) y George Pan Cosmatos, contaba con menos de dos semanas para preparar la película y ocho para rodar, llegando a reescribir el guión de Steven E. de Souza hasta en veinte ocasiones sobre la marcha. A este respecto pueden apreciarse multitud de errores (manchas de sangre que aparecen y desaparecen, errores de audio, de continuidad, de guión ...) además de una producción que da la sensación de ser más pobre de lo que demanda su presupuesto real. Schwarzenegger nunca estuvo de acuerdo con la sustitución de Andy Davis , considerando la visión Glaser como superficial con respecto a lo que podía dar la historia de sí.

En taquilla, lejos de ser un éxito, recaudó unos 37 millones de dólares y pese a recibir críticas dispares (se destacó mucho la actuación de Richard Dawson), hoy en día es una película muy bien valorada por los seguidores del cine de acción y de Arni.

Atención a los créditos finales ...

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


Yo, Cristina F. (1981, Udi Edel) Chirstiane F.



 “Meados y mierda por todas partes. Es lo que se ve si se echa un buen vistazo”

Berlín occidental, finales de los setenta. Cristina, una niña de trece años, quiere conocer la discoteca Sound. A través de su amiga Kessi logra acceder al local y conoce a su futuro novio, Detlev y al grupo de sus amigos. Cristina empieza a experimentar con las drogas; pero lo que empezó como un juego termina por convertirse en una pesadilla de la que no podrán escapar.

Basado en un libro fruto de la investigación de dos periodistas sobre un caso en el que se juzgó a un hombre que suministraba heroína a menores a cambio de favores sexuales, “Yo, Cristina F.”, es una muestra cruda y realista del submundo de la drogadicción. Christiane Felscherinow fue una de las víctimas y en base a sus testimonios fue escrito el libro. Este hecho y el que ella misma trabajara como asesora en la película  homónima es quizás determinante para ese realismo que desborda las imágenes. Así, a través de una sucia fotografía acorde con la sordidez de los ambientes en que se desenvuelven los protagonistas, se nos narra el progresivo deterioro y descenso a los infiernos de un grupo de adolescentes cuyas primeras juergas y escarceos con drogas blandas dan paso a la heroína y de ahí a toda clase de actos degradantes en pos de la codiciada sustancia. En aras de este realismo,  Udi Edel, quien logra con su debut la que es considerada como su mejor película, no duda en rodearse de un elenco de actores desconocidos. Destaca en este aspecto el papel protagonista de Natja Brunckhorst. Y es que la niña que encarna a la verdadera Christiane ofrece una interpretación en la que demuestra una madurez excepcional para encarnar a un personaje que se sumerge en una profundidad abisal afrontando un puñado de situaciones repugnantes - como la del intento de desengancharse en la habitación o la que nos muestran las perversiones sexuales de alguno de sus clientes -con una naturalidad espeluznante.

Yo, Cristina F.”, sin duda, es una película en la que prima la ambientación. Así, pese a no destacar por su empleo de los recursos cinematográficos, la puesta en escena define a la perfección la decrepitud de la historia que quiere reflejar. El color grisáceo de la fotografía, el maquillaje de los actores, la ubicación de los personajes en escenarios cerrados – el metro, habitaciones lúgubres, baños de suciedad palpable - que aumentan la sensación claustrofóbica, la tenue iluminación o el empleo de varias canciones de David Bowie – de quien Christiane era seguidora - logran transmitir una atmósfera netamente degenerada. Destaca también en este aspecto el paralelismo establecido entre las películas de terror proyectadas en el Sound y el mundo de la drogadicción; paralelismo que queda patente con las imágenes de cientos de jóvenes paseando como “zombies” por el metro berlinés. A estos aspectos hay que sumarle la existencia de alguna escena sobrecogedora; como la ya citada imagen del intento de desengancharse en compañía de su novio en la que ambos terminan cubiertos por sus vómitos sanguinolentos o aquella en la que un drogadicto le roba a Cristina la jeringuilla para acto seguido pincharse en el cuello. Quizás la parte más floja corresponde a la relación de Cristina con su madre. Una relación apenas existente y que no es creíble por la excesiva indiferencia con que se desarrolla – me resulta muy difícil de creer por la ausencia de tensión entre ambas; tensión siquiera mínimamente necesaria dada la gravedad de los actos de Cristina- 

Dijo Lenin : “Libertad para qué”. La frase que para los acérrimos enemigos del comunismo fue interpretada como toda una declaración de intenciones que definía a la perfección un sistema totalitario, puede bien constituir el intento de cribar  una idea tan genérica como es la de la libertad. Así , la libertad considerada de tal modo da a entender ser clara y unívoca cuando en realidad no lo es. ¿Libertad para qué? ¿Para hacer lo que uno quiera? Sí, pero esta concepción supondría el choque de nuestra libertad frente a otras libertades; ¿libertad para matar? O es quizás, como el caso que nos ocupa, libertad para drogarse. Una libertad que deja de ser tal cuando el mono domina por completo la voluntad del consumidor y éste se ve obligado a cometer todo tipo de actos que lo subyugan a la sustancia. De este modo, lo que comienza siendo un acto de libertad puede convertirse en una soga cuando la experimentación da lugar a la adicción y esta al latrocinio y a la prostitución para poder consumir. Cristina F. no es sino el arquetipo de esta máxima.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA


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Warlock, el brujo (1989, Steve Miner) Warlock


Es 1691, a un hombre (Julian Sands) lo acusan de ser brujo y, por ello, es condenado a morir quemado en la hoguera. Pero justo antes de su ejecución, su celda es invadida por una extraña y misteriosa fuerza que consigue hacerlo desaparecer junto a Redferne (Richard E. Grant), el hombre que lo capturó. Trescientos años más tarde, ambos aparecen en Los Angeles ...


Yo soy aquel de cuya costilla antigua hizo nacer ...

Yo soy aquel cuya llegada las estrellas anunciaron ...

Yo soy aquel cuyo corazón fue forjado con el carbón más negro ...

Soy el que concluirá la obra magna del espíritu no nacido de Satanás.


Warlock, el brujo es un pequeño clásico de culto para muchos aficionados al cine fantástico entre los que, ¡oh, sorpresa!, me incluyo. Es una película que recuerdo con gran cariño y que alquilé infinidad de veces en el videoclub cuando era un chavalete, por eso me resulta sumamente placentero revisionarla y hablar de ella. Y es que lejos de perder ese encanto que me fascinó por entonces, la sensación de que estoy ante una joya de la serie b es más fuerte que nunca. Fantasía, terror, humor, viajes en el tiempo, brujería ... Abróchense los cinturones y síganme en la búsqueda del El Gran Grimorio ...

La idea y el guión corren a cargo de David Twohy, a quien mencionábamos hace poco al hablar de Critters 2, de quien también es guionista. Twohy pasó cerca de ocho semanas escribiendo una historia muy distinta a la final en la que se centraba en la persecución de un brujo en el siglo diecisiete que posteriormente volvería a ser perseguido en la actualidad, pero por razones presupuestarias tuvo que simplificar el guión. El dirige es Steve Miner (también produce), un director del que he comentado varias de sus películas como la grandiosa House: Una casa alucinante, o la segunda y tercera parte de Viernes 13. Fue Miner el que tuvo la idea de contratar a actores ingleses para los papeles de Warlock y de Redferne debido a que quería un acento inglés marcado como el de los colonos americanos del siglo diecisiete. Miner quedó impresionado con el casting de Richard E. Grant (Withnail y yo) y le adjudicó el papel de Redferne, para el de Warlock pensó en Julian Sands, quien en principio era reacio a actuar en una película de terror, pero tras leer el guión accedió. La música es obra del maestro Jerry Goldsmith y destaca mucho el tema principal. Los efectos ópticos hoy día resultan tan desfasados como entrañables y son obra de la compañía Perpetual Motion, aunque , en principio, se había pensado en Dreamquest: cambio obligado por motivos presupuestarios.


El grueso de la historia narra la búsqueda de Warlock, en el presente, de El Gran Grimorio, un libro dividido en tres partes que es considerado la biblia de Satán y que una vez completo revelará el verdadero nombre de Dios, que pronunciado al revés provocará el fin del mundo y coronará a Warlock como el hijo de Satanás. Para impedírselo, Redferne, contará con la ayuda de Kassandra (Lori Singre), una joven víctima de un maleficio de Warlock mediante el cual envejecerá 20 años cada días que pase. Ambos, cada uno por sus motivos, se lanzarán tras la búsqueda del temible brujo.
A mi juicio, la estructura recuerda a Terminator (1984, James Cameron). Y es que son varios los paralelismos existentes entre las dos películas: viaje en el tiempo, héroe que protege a chica y villano, persecución (aunque al principio son ellos los que persiguen al malo), desconfianza de Kassandra hacia Redferne por considerarlo loco al igual que Sarah con Kyle, asesinato del compañero de piso de Kassandra ... Pero no creáis que soy el único en pensar así, fueron muchos los críticos que hicieron esta comparación cuando se estrenó. No obstante, la película resulta muy entretenida y disfrutable.

Si algo a destacar es el carisma de Julian Sands interpretando a Warlock. La verdad es que es construye un villano espectacular: inmisericorde, cruel, odioso y sarcástico al mismo tiempo. Rápido conocemos de su carácter en la escena en la que, para conseguir su anillo, corta el dedo, sin previo aviso, al compañero de piso de Kassandra y luego lo mata arrancándole la lengua de un mordisco y escupiéndola a la sartén que hay sobre el fogón. Otra escena a destacar es en la que entabla una conversación con un niño y al enterarse que no está bautizado (con la grasa de alguien no bautizado los brujos pueden elaborar un elixir para volar) comienza a reírse y a balancearlo en el columpio; siendo la inocente criatura ignorante de su destino inmediato y quedando el espectador compungido aún si ver nada de lo que pasa después ...
El papel de Richard E. Grant, que interpreta a Redferne también nos ofrece grandes momentos, sobre todo cómicos, por el choque que le supone aparecer 300 años en el futuro y de la mano de Lori Singer (quien, al parecer, sufrió de verdad con el maquillaje) sufriremos lo que es envejecer 20 años cada día que transcurre ...



En taquilla sólo alcanzó los nueve millones pese a contar con un presupuesto de quince y ni siquiera fue estrenada el año en que concluyó su producción. Y es que debido a problemas financieros, su productora (New World Pictures) lo retrasó dos años hasta que fue lanzada, de forma bastante limitada, por Trimark Pictures. Un verdadera lástima para una película que hoy día es considerada de culto ...

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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