Peliculas del recuerdo

Diner (1982, Barry Levinson) Diner


Portentoso debut a la par de atípico que conecta directamente con películas como American Graffiti (1973, George Lucas), aunque proviniendo de un director tan ecléctico como Barry Levinson (El secreto de la pirámide, Rainman, Sleepers, Esfera …) no resulta precisamente chocante.

Diner cuenta las andanzas de un grupo de veinteañeros de Baltimore a finales de los años 50. Combinando drama y humor nos habla de sus problemas, anhelos y pasiones en su etapa de transición a la vida adulta para ofrecernos un retrato universal del modo de vida del joven medio en aquel momento y lugar y construir un relato semi-autobiográfico de esta historia coral de la que también fue guionista. Para ello reclutó a un grupo de actores novatos primando la homogeneidad del grupo frente a estrellas individuales; no obstante, es difícil no hacer comparaciones y no ver que un tío como Mickey Rourke se zampa al resto de compañeros (entre los que se encuentras Steve Guttenberg, Daniel Stern, Kevin Bacon, Tim Daley y Paul Reiser) con patatas y salsa.



Para disfrutar de Diner hay que olvidarse de un relato lineal y zambullirse en distintas situaciones que varían entre discusiones absurdas en cafeterías a altas horas de la madrugada, conversaciones eruditas sobre música y la cruzada de Robert (Rourke) para pagar sus deudas. Y si por algo destaca es por la naturalidad que destilan sus secuencias. Para ello Levinson potenció mucho la relación de camaradería del reparto fuera de las cámaras y dio pie a múltiples improvisaciones cuando bajaba la claqueta.


En taquilla resultó un éxito modesto recaudando unos catorce millones con un presupuesto de cinco, pero en cuanto a críticas los resultados fueron excelentes. 


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Socios y sabuesos (1989, Roger Spottiswode) Turner & Hooch


Supongo que todos conoceréis algún “buddy film”, es decir, una película basada en la relación de dos colegas (generalmente masculinos) cuyas radicalmente distintas maneras de ser dan lugar a las más alocadas situaciones. Abundan ejemplos en el cine clásico : Abott y Costello, Laurel y Hardy …

En los ochenta fue muy popular un subgénero de las “buddy films” en la que los protagonistas, aparte de ser como la noche y el día, eran policías; a estas películas se les dio el nombre de “buddy cop films”. Quizás la primera buddy cop film sea El perro rabioso (1949) de Kurosawa y otro ejemplo muy interesante es El calor de la noche (1967), pero en los ochenta fue 48 horas (1982, Walter Hill) la que abrió la veda. Claro está a esta le siguieron Arma Letal, Tango y Cash, Lo oculto, Alien nación y un largo etcétera.


Lo que riza el rizo es que Socios y sabuesos entra dentro de un subgénero del subgénero, y es que estamos ante uno de los más destacados ejemplos (no fue la primera ya que se estrenó meses antes Superagente K-9 , protagonizada por James Belushi) de lo que se llamó “buddy cop-dog films” (manda …). Es decir, una película en la que un policía y un perro son los protagonistas.


¿Y qué nos encontramos en Socios y sabuesos? A mi ver es una película muy justita dirigida por Roger Spottiswode (El tren del terror, Dispara a matar) que mezcla comedia, acción, amor y un poquitín de drama sin destacar en nada en particular. Sin embargo, fue un éxito en taquilla, hecho que se explica (creo) al ser su protagonista nada menos que el amado Tom Hanks. A mi parecer es quizás una de sus películas menos interesantes, aunque no quite que sea entretenida y por momentos logre su propósito: divertir.

Scott Turner (Hanks) es un pulcro y metódico detective de una de las ciudades más tranquilas de los Estados Unidos que justo cuando se dispone a trasladarse a otra comisaría más movida se ve involucrado en un caso de asesinato. Como no, tendrá que hacerse cargo del perro de la víctima que resulta ser un bestial Dogo de Burdeos cuyos hábitos chocarán con el meticuloso estilo de vida del detective. Turner y Hooch, que así se llama el perro y así se tituló la película, establecen una caótica relación que dará lugar a las más tronchantes situaciones. Al tiempo, Turner, junto con su compañero David (Reginald VelJohnson, ¡ el Carl Winslow el de Cosas de casa que, para variar, actúa de policía!) se verán metidos en algo más que un caso de asesinato. Por si fuera poco, Turner, encontrará el amor en la veterinaria Emily Carson (Mare Winningham), con cuya perrita acabará también liado Hooch. 

Si bien el 90 % del metraje es comedia, el tramo final deviene en una película de acción con sorpresa y un final lacrimógeno que decepcionará a más de uno.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño (1988, Renny Harlin) A Nightmare on Elm Street 4: The Dream Master


Cuando el sueño profundo cayó sobre los hombres, me sobrevino un temor y un estremecimiento que hizo temblar todo mi cuerpo.


Dado que la tercera parte (Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño) fue la más taquillera de la saga, la New Line Cinema no se lo pensó dos veces para dar continuación a las andanzas de nuestro cabroncete onírico favorito.


Entre los nombres que sonaban fuerte para dirigir (inexplicablemente) se encontraba el de Renny Harlin, un realizador poco experimentado de nacionalidad finlandesa que no entusiasmaba precisamente al productor Bob Shane, pero que al final fue elegido por su insistencia y al no convencerle tampoco ningún otro candidato. Harlin tuvo muy claro que el verdadero héroe de la historia debía ser Freddy Krueger y continuó la senda de ese humor negro que ya se había instalado en la tercera parte. Además, el hecho de que una inminente huelga de guionistas amenazase el rodaje, propició que sólo diesen siete días a Brian Helgeland (Mystic River, L.A Confidential) para escribir un guion basado en una historia suya y de su amigo William Kotzwinkle. Esto hizo que resultase muy general e incompleto, por lo que se improvisó mucho y Harlin se inspiró en sus propias pesadillas juveniles para las que acontecen en la película.



Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño enlaza directamente con Los guerreros del sueño. Los supervivientes Kristen (Tuesday Knight en lugar de Susanna Arquette), Kincaid (Ken Sagoes) y Joey (Rodman Eastman) prosiguen su vida después de los terribles acontecimientos vividos en el psiquiátrico. Pero de nuevo Kristen siente la presencia de Freddy y arrastra a sus amigos a sus sueños, hasta que de la forma más abolutamente absurda y estúpida (un perro que mea fuego, ¡por Dios!) Freddy resucita y tomará nuevamente venganza. Pero no creáis que Kristen vuelve a ser la fémina protagonista, esta pasa el testigo a Alice, la hermana de su novio Rick, y esta irá adquiriendo los poderes del grupo de amigos que Freddy irá liquidando uno a uno hasta que se enfrente a él.

Lo más interesante de esta parte, que por lo demás repite muchos clichés de las precedentes, es que, además de resultar muy divertida y entretenida, amplía las secuencias oníricas ofreciéndonos algunas realmente impactantes como la del beso de tornillo de Freddy a la asmática y empollona Sheila, la conversión en el bicho que más odia de Debbie, la pizza de almas, el bucle onírico o la de las almas luchando por escapar del pecho de Freddy; espectaculares secuencias obra de artistas de los efectos especiales como John Carl Buechler y Steve Johnson, que hacen de esta parte una de las más recordadas. La música, ambiental, electrónica y gótica es obra de Craig Sagan.




Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño debió ser el punto y final de una saga que con esta entrega dio todo lo que tenía que dar. Pero al lograr superar a la tercera parte en recaudación (recordemos que hasta ese momento había sido la más taquillera de la saga) al lograr casi 50 millones de dólares, la quinta parte no se hizo rogar. A partir de este punto el declive fue considerable, y, a pesar de contener elementos más o menos interesantes, las siguientes secuelas jamás alcanzarían la magia de estas cuatro primeras.

GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA



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Maniquí (1987, Michael Gottlieb) Mannequin

Esta es una de esas imposibles películas ochenteras en la que todo lo imaginable podía ocurrir. Y es que si una computadora podía enamorarse de su vecina en Sueños eléctricos (1984) y un hombre lobo adolescente era la estrella de su equipo de baloncesto en Teen Wolf (1985), ¿por qué no iba a poder un torpe e inocente joven enamorarse de un maniquí que en realidad alberga una preciosa chica nacida en el antiguo Egipto? La idea se le ocurrió al director Michael Gottlieb tras ver la película One Touch of Venus (1948).


Pese a lo descabellado e inverosímil de su propuesta, esta ligera comedia romántica con toques fantásticos resulta muy agradable de ver y, por supuesto, destila nostalgia. La multitud de situaciones de enredo constituyen el fuerte de la película, y es que la egipcia Emmy (una guapísima Kim Catrall) sólo recobra su apariencia humana ante Jonathan Switcher (Andrew McCarthy)- para ayudarle a decorar escaparates al tiempo que se enamoran y luchan contra una conspiración del despiadado dueño del centro comercial rival y la despechada exnovia de Jonathan-, convirtiéndose en maniquí ante los ojos de cualquier otra persona. En el reparto destaca la presencia de Estelle Getty (Las chicas de oro), un irreconocible James Spader, nuestro querido Capitán Harris de la saga Loca academia de policía (G.W.Bailey) en la piel de Félix, el jefe de seguridad del centro comercial, y un cachondísimo Hollywood (Meshach Taylor) como decorador ultra mariposón que ayudará a Jonathan en su cruzada.


Maniquí recibió malas críticas, pero funcionó muy bien en taquilla recaudando más de 42 millones de dólares con un presupuesto de 8. Esto dio pie a una secuela que se estrenó en 1991 y que contaba de nuevo con Meshach Taylor. Fue nominada a un Oscar por el hit Nothing’s Gonna Stop Us Now de Starship.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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NOTHING'S GONNA STOP US NOW

Loca academia de policía 5: Operación Miami Beach (1988, Alan Myerson) Police Academy 5: Assignment: Miami Beach


El comandante Lassard asiste a lo que parece ser su última graduación de cadetes a vista de su inminente jubilación tras la que mucho tuvieron que ver las artimañas del capitán Harris.  Al mismo tiempo le es comunicado que va a ser nombrado policía de la década en una convención de policía que se celebra en Miami. Lassard, junto a su fiel séquito de policías (incluido Harris y su esbirro Proctor) irán a disfrutar del clima cálido y los placeres veraniegos que ofrece Miami, pero los problemas no tardarán en surgir …


Pues nada, amigos. Llegados a este punto poco tengo ya que contar que no sepáis (aunque ni siquiera hayáis visto esta parte). Si las primeras secuelas eran fundamentalmente lo mismo pues imaginaos esta. Y no porque repita el mismo argumento- es la primera vez que la acción se desarrolla fuera de los límites de la academia y narra una historia diferente -, cosa que básicamente sucedía con las cuatro primeras, sino porque una saga que funciona a base de sucesiones de gags poco más tiene que aportar en su quinta entrega, pese a que resulte entretenida y se deje ver bien … Y es que conocemos de memoria los vicios y virtudes de todos y cada uno de nuestros maderos favoritos, quienes, por cierto, ya no cuentan ni con Zed, ni con Sweetchuck, ni con el popular Mahoney, reemplazado por el sobrino del capitán Lassard, Nick (Matt McCoy), quien clona el carácter pendenciero del anterior personaje, y repite el grandullón House presentado en la cuarta entrega. La dirección vuelve a cambiar de manos y recae en esta ocasión en otro asiduo del formato televisivo, Alan Myerson. 

¡Prepárense para disfrutar con Tack apuntando con su Magnum a un tiburón, Harris y su divino bronceado y el bueno de Lassard y sus muchas, muchas meteduras de pata que le servirán para atrapar a una panda de malhechores!


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA






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Algo salvaje (1986, Jonathan Demme) Something Wild


Charles Driggs (Jeff Daniels), un anodino hombre de negocios, verá tambalear los cimientos sobre los que se asentaba su rutinaria existencia al conocer de forma tan casual como inusual a la explosiva y salvaje Lulu (Melanie Griffith). A partir de ese momento emprenderán un caótico viaje repleto de locuras.


Curioso crisol de géneros nos presenta un Jonathan Demme que en 1991 firmó esa obra maestra llamada El silencio de los corderos. Así, lo que comienza como una “screwball comedy” mezclada con una “road movie” plagada de situaciones disparatadas (con cánticos de Wil Thing de The Troggs en plena ruta incluídos) evoluciona hacia un thriller con tintes dramáticos - el punto de inflexión llega con la aparición de Ray Liotta como Ray, el celoso marido de Lulu – que puede recordar a Atracción Fatal (1987, Adrian Lyne) por el comportamiento obsesivo, violento y psicótico del susodicho Ray.

Este es, sin duda, un papel muy recordado de una Melanie Griffith que nos ofrece multitud de registros que oscilan entre lo cómico y lo dramático (y es que la cantidad de situaciones por la que pasa es de órdago) y destila un físico espectacular. En cuanto al resto, el histrionismo inmanente a Ray Liotta le viene como anillo al dedo para interpretar a este personaje y Jeff Daniels lo borda como chupatintas apocado.

La recomiendo por lo interesante e inclasificable de su propuesta.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA





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Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (1987, Chuck Russell) A Nightmare on Elm Street: Dream Warriors


Años después de los incidentes en Elm St. Nancy se ha convertido en una psiquiatra especializada en terapia del sueño, pero Freddy también sigue en activo, y comienza a parecerse en los sueños de varios de ellos. Nancy los reúne a todos en busca de una forma de parar al monstruo. Para ello, los pacientes aprenden a desarrollar habilidades especiales en sus sueños. Alguno puede ser un mago, otro un superforzudo, un maestro en artes marciales... (FILMAFFINITY)


Sueño. Esos pedacitos de muerte. Como los odio. (Edgar Alan Poe)

Es el hijo bastardo de mil maníacos.

Pesadilla en Elm Street 3 es considerada por muchos seguidores como la verdadera secuela de Pesadilla en Elm Street (1984, Wes Craven), desterrando a Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (1985) al olvido. Ya he comentado el cambio de derroteros por los que se movía esta película así que no repetiré lo escrito y os recomiendo leer la reseña si queréis conocer mi opinión. Pero que Los guerreros del sueño hayan ameritado esta consideración no sólo se debe al fracaso de la segunda (en cuanto a su conexión con el público) sino a tres hechos claves en el resurgimiento de la saga: la vuelta de Wes Craven (reacio en principio a cualquier continuación de la original), en este caso como guionista y productor ejecutivo, el también esperado regreso de Header Langenkamp (que aceptó al conocer la involucración de Wes) en la piel de Nancy (también regresa John Saxon como su padre) y una trama que enlaza con la primera, fuertemente onírica y fiel al espíritu original.


Craven - quien disfrutó de gran libertad otorgada por los productores debido a lo esperado de su regreso - junto con Bruce Wagner , ideó una historia en la que los elementos surrealistas (influencias de Buñuel de por medio) y oníricos conformaban el armazón de la trama suponiendo una vuelta a las raíces y una extensión del universo de la saga que sería clave para las subsiguientes continuaciones. Pero este guion suponía partes técnicamente irrealizables así que Chuck Russell (que también dirige en lo que es un magnífico debut) junto con Frank Darabont lo reescribieron simplificándolo y dándole un toque más fantástico a la par de divertido: puede decirse que supone el inicio del Freddy Krueger cachondo del que disfrutaremos en entregas posteriores (“Bienvenida al horario de máxima audiencia, zorra” le espeta a una interna antes de estamparle la cabeza contra el televisor – por cierto, frase improvisada por Englund-). Russell y Darabont también incluyeron gran cantidad de imaginería sexual y símbolos fálicos que potencian ese surrealismo implícito (a lo que también ayuda mucho la desquiciada e inquietante música de Angelo Badalamenti) que señalaba al principio como idea de Craven y Wagner: la escena de la enorme serpiente/Freddy (¿adivináis a qué se parece?) es un gran ejemplo de esto. En cuanto a las magníficas secuencias oníricas podría destacar las que ocurren en el interior de la casa de Freddy (el cerdo que ladra) o la de Freddy como titiritero manejando a un desdichado joven como si sus tendones fueran hilos y encaminándolo a la muerte.





El reparto, a parte de los nombrados Header Langenkamp y John Saxon (a parte del omnipresente Robert Englund en la piel de Freddy), cuenta con Craig Wasson como doctor y un grupo de jóvenes vagamente conocidos entre el que destaca la bellísima Patricia Arquette en el rol de protagonista que coge el testigo de Nancy y que tiene el poder de introducir en sus sueños a los que la rodean. Este grupo, con la inestimable ayuda de Nancy, ahora como psiquiatra, tratará de enfrentarse a Freddy en su propio mundo al ser conscientes del poder que pueden desplegar en los sueños. Por otro lado, se profundiza un poco más en el origen de Freddy Krueger de la mano de su madre …

En definitiva, una película muy destacable que - pese a no estar exenta de incoherencias como la presencia fantasmal de la madre de Freddy o el deambular del esqueleto de este- es considerada por los fans (junto con la primera) como la favorita de la saga. En taquilla funcionó a la perfección recaudando casi 45 millones de dólares sólo en Estados Unidos con un presupuesto de cuatro y medio, hecho que catapultó a la productora New Line Cinema y dio paso a una cuarta entrega. Por cierto, cuenta con el grupo de heavy metal Dokken que aportan el tema Dream Warriors.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA







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DREAM WARRIORS (DOKKEN)


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Loca academia de policía 4: Los ciudadanos se defienden (1987, Jim Drake) Police Academy 4: Citizens on Patrol



Reclutado por el comandante Lassard, un grupo de voluntarios llega a la Academia para ser formados en un programa de patrullas civiles. (http://www.filmaffinity.com/es/film386297.html)


Y vamos con la cuarta entrega de los más locos a la par de divertidos policías de la historia del cine. Ni tiene que decir que si la tercera era más de los mismo esta cuarta entrega es más de lo más de lo mismo. Ya sabéis, una historia que repite la estructura de sus predecesoras como excusa para una sucesión de gags más o menos graciosos (me resulta muy divertido el homenaje a la saga VIERNES 13). Si la primera película era el entrenamiento de Mahoney y cía, la segunda su primera misión y la tercera otra vuelta a la Academia para entrenar a una nueva hornada, en esta ocasión regresamos de nuevo a la Academia para entrenar no ya a futuros policías, sino a ciudadanos voluntarios en la lucha contra la delincuencia; una idea del bueno de Lassard que lleva por nombre COP (CITIZENS ON PATROL).

Entre estos nuevos reclutas nos encontraremos a dos skaters (uno de ellos David Space , cuyo doble es Tony Hawk) obligados a alistarse (tal como le ocurre a Mahoney en la primera parte) como condición de no ingresar a prisión, la señora Feldman, una anciana gran aficionada a las armas y que no tardará en hacer migas con Tackleberry, y el gigantón  House ( Tab Thacker)  que repetiría en la quinta parte. Mencionar la participación de Sharon Stone interpretando a una reportera que, como no, se ligará Mahoney.



Los cambios de personajes respecto a la tercera son mínimos y destaca el regreso del teniente Harris (C.W. Bailey) en lugar del capitán Mauser (Art Metrano). Dirige Jim Drake, con amplia experiencia en televisión, y Gene Quintano repite guion (hecho que se nota mucho por su parecido con la tercera parte, incluido ese final espectacular de persecución en el que se sustituyen las motos de agua por aviones y globos aerostáticos). También es la última película en la que Steve Guttenberg interpreta a Mahoney.


En taquilla funcionó bien al recaudar 28 millones de dólares sólo en Estados Unidos mientras que fue recibida negativamente por la crítica. La canción Let's Go to Heaven in My Car fue nominada a los premios Razzie.


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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Desbocado (1987, William Friedkin) Rampage


Charles E. Reece, un maníaco asesino, se introduce en dos apartamentos de California con una pistola automática y comete seis asesinatos con un macabro ritual: corta los cuerpos de sus víctimas con un cuchillo de cocina para, seguidamente, introducir los órganos en bolsas de plástico y, más tarde, beber la sangre. (FILMAFFINITY)



Obra menor del gran William Friedkin (Contra el imperio de la droga, El exorcista o Vivir y morir en los Ángeles) basada en la novela homónima de William P. Wood quien a su vez se inspiró en el asesino en serie Richard Chase para construir el personaje de Charles Reece. Tras lo que parece comenzar como un psycho thriller al uso, con esos brutales crímenes y la inquietante música de Ennio Morricone, se nos desvela un drama judicial en el que sale a la palestra el tema de la locura como eximente de responsabilidad penal y un debate explícito sobre la pena de muerte.


La película me resulta fallida porque no logra empacar con firmeza ese viaje a la mente perturbada del asesino con el debate moral acerca de la pena de muerte encarnado en el personaje de Michael Biehn. A pesar de esto atesora momentos muy interesantes en cuanto al acercamiento al asesino (pero que no llega al descenso a los infiernos que experimentamos en A la caza) y la deliberada ambigüedad con que se plantea si debería o no ser condenado a la pena capital, pero el conjunto queda deslucido por continuas digresiones de jerigonza psiquiátrica y la relación entre la pareja destrozada por la muerte de su hija (formada por Biehn y Debora Van Valkenburgh) que no aporta gran cosa (como tampoco ayuda mucho ese fallo garrafal en el que se ve el micro mientras el asesino habla con sus abogados).


GERMÁN FERNÁNDEZ JAMBRINA




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